ppp

Puedes seguirnos en

Síguenos en: FacebookSíguenos en: TwitterSíguenos en: LinkedInSíguenos en: TuentiSíguenos en: MySpace


La peste, de Albert Camus (1947)


Portada La pesteMuy pronto, un 7 de noviembre de 2013, todos los periódicos y revistas del mundo  rescatarán de las bibliotecas las obras de Albert Camus. Su voz, su pensamiento y, más que nada, su compromiso con la existencia del hombre se mirarán de nuevo en las pupilas de sus lectores: ¡Albert Camus cumple 100 años!

El pasado 23 de abril, en las voces del Libroforum de Rivas reapareció su encuentro con María Casares que representara en París ‘Le malentendu’ allá por 1944 bajo la invasión alemana. Ardía París, como hoy arde la Tierra bajo la plaga de la injusticia y la ambición. Se abrió la Caja  de Pandora y los males se extienden como la peste entre la especie humana, pero, quizá, nos queda la esperanza como en aquella leyenda griega, aunque derramemos lágrimas de dolor sólo por dentro. La madre de Camus no las expuso cuando conoció que éste murió en un absurdo accidente de coche, pero conmovieron su corazón toda su vida.

Otra vez, esta vez en el debate mensual que realiza el Libroforum, escuchamos la voz de Albert Camus: “Dos cosas me parecen absurdas la muerte en accidente de tráfico y la muerte de un niño” La primera la entendemos hoy, forma parte de nuestra forma de vivir, es una plaga donde sólo lloran los afectados. La segunda nunca la entenderemos. No lo entendía Camus. En uno de sus libros, La peste (1947), dejo ese dolor que, Lorca diría, se lleva en el costado, la muerte de un inocente.

La peste negra llegó a Orán. Como una plaga bíblica llena los cementerios y crematorios de cadáveres sin distinguir animales de hombres. Camus transcribe la crónica del doctor Rieux que lucha por eliminarla junto a otros personajes, todos masculinos. Hombres solos, unidos por la desgracia, como soldados de la Gran Guerra. Llorando por dentro cohabitarán en una ciudad sitiada, símbolo de cualquier ciudad actual: moderna, aburrida y neutra, machista y frívola, donde se ama sin darse cuenta. Cuenta el cronista que en Orán hasta los que no tienen la peste la llevan en el corazón. Cottard, Grand, Paneloux , Castel , Rambert, Tarrou junto a Rieux sobreviven solos durante un año, en aquella sociedad de muertos escuchando su propia historia en el Orfeo de Monteverdi que se repite en el teatro de la ópera de la ciudad y el Saint James Infirmary de L. Amstrong en las gramolas de sus cafés. Añoran a la mujer que aman y envidian a Rieux porque vive junto a su madre y se alimenta de su sonrisa, su serenidad y su ternura constantes. La muerte del niño del juez Otton, símbolo de rectitud, les unirá en el llanto y en la lucha contra la desesperación y el olvido del destierro.

De las aportaciones al debate se subrayó la actualidad de la novela, fábula perfecta para explicar las crisis antiguas o modernas. En el crack del 29, en las crisis del petróleo y en las crisis financieras de las globalizaciones (ya asiáticas, europeas o americanas, mas no africanas, donde no las provocan sino que las sufren) se puede reconocer siempre a la misma víctima, el Pueblo, que abandonado a su propia suerte, lucha por no perder su memoria, se rebela contra la desesperanza y la injusticia.

Animamos a todos a la lectura de este libro, y a acompañarnos en nuestros debates los segundos viernes de cada mes en la Casa de las Asociaciones a las 8 de la tarde. El libro que comentaremos el próximo 13 de septiembre será ‘Submundo’, de Don DeLillo. Os deseamos un buen verano. ¡¡hasta la vista!!.

Escrito por en 04/06/2013. Archivado en 0Ultimas,Cultura,Literatura. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.