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Le agradecemos los servicios prestados


12/06/2013

Basta ver el último número de la revista Covibar (el #225) y leer el Editorial (pag. 3) y el apartado Noticias (pags. 8, 9, 11 y 50), o repasar las revistas de los tres últimos años, para darse cuenta que han quedado en agua de borrajas las palabras del Presidente del Consejo Rector cuando en la presentación del nuevo Consejo Rector, criticando la línea que había seguido el dimitido Consejo Rector, decía :

“La revista, en principio, lo que queremos es dinamizarla. Que en los espacios intervengan no siempre en la misma línea, porque si tú te ves los editoriales y luego ves  las páginas de cartas al director, dices, bueno ¿nadie discrepa? ¿nadie te echa la bronca? nadie… no sé qué…Bueno..es una libertad de opinión pública un poquito relativa…¿no? Nosotros lo que queremos es devolver la revista también a los socios, que los socios participen realmente, que las mancomunidades participen, que participen también…. (sic)”

El Consejo Rector de Covibar sigue desde que tomó posesión del cargo una política, a mi juicio, errónea. Su error ha sido plantear su mandato como una guerra entre ellos y la que denomina “oposición”. Y es que la idea que se transmite a los socios desde la página de la revista es que o se está con el Consejo Rector o se está contra él. Aquí, en la concepción que maneja el Consejo Rector, sólo  caben dos bandos. Basta leer el último número de la revista Covibar mencionado para apreciar sus esfuerzos por transmitir a los cooperativistas la idea que cualquier candidato que en la Asamblea del domingo 16 de junio se presente a  un cargo del Consejo y no manifieste su pertenencia al proyecto del actual Consejo debe ser puesto bajo sospecha de formar parte de ese conglomerado dirigido por el Equipo municipal que quiere “derrocarles” con la pérfida intención de vender el patrimonio de la cooperativa o entregarlo a una Fundación.

Este Consejo Rector, tan celoso de gestionar el patrimonio material de la cooperativa olvida, a mi entender, la gestión del otro patrimonio, el patrimonio inmaterial de la cooperativa: el patrimonio de la transparencia informativa, la ayuda mutua, la democracia directa, la solidaridad, la lealtad…. Principios que para mí, que tuve el honor de ser el presidente del Consejo Rector de la Escuela Infantil Platero, son tan importantes o más que los cines, las piscinas o la fachada del edificio azul.

Necesitamos unos gestores que hagan esfuerzos por buscar el entendimiento entre los cooperativistas, no unos gestores que dediquen una parte importante de los fondos de la cooperativa a pleitear con ellos, a denunciarlos, a apelar sentencias, a pagar a abogados y procuradores.

Necesitamos un Consejo Rector que respete el principio de transparencia que consagran las leyes cooperativas y que no oculte a los cooperativistas que seis de sus miembros han impugnado un acuerdo de su órgano soberano, la Asamblea General. Por descontado que nadie puede negar a un Consejo Rector o a cualquier socio impugnar un acuerdo tomado en una Asamblea General, porque así lo dice la Ley, pero lo que no debe tolerarse es que ello se haga recurriendo a subterfugios de leguleyos y sin informar a los cooperativistas. Esta cooperativa quiere que se cumplan sus fines, pero utilizando los medios legales. Esta es la lealtad que exige la Asamblea al Consejo Rector como órgano gestor de los intereses generales de la cooperativa.

No puede tolerarse, en fin, que no se nos haya informado a los cooperativistas que el abogado de la cooperativa, al que todos los cooperativistas pagamos unos estimables honorarios, haya sido quien ha defendido en el juicio a seis miembros del Consejo Rector en contra de los intereses mayoritarios de los socios de la cooperativa.

No podemos admitir que se expulse a socios de la cooperativa mediante un burofax en el que no se les informa ni cuál ha sido el Juzgado que ha dictado la Sentencia por la que quedan expulsados de la cooperativa. Estos no es actuar con justicia con personas que han dedicado varios años de su vida, con aciertos y errores sin duda, a gestionar el patrimonio material e inmaterial de la cooperativa.

No podemos, finalmente, dar por buena una gestión que ha conducido a que el día 16 de junio, los socios tengan que volver a elegir cargos que fueron elegidos tan sólo hace un año, sin que durante un año se haya informado a los socios de que hubo una Resolución de fecha 25 de noviembre de 2012 del Registro de Cooperativas de la Comunidad de Madrid que denegó la inscripción registral de los acuerdos tomados en la Asamblea del 17 de junio de 2012 por dos motivos: porque la mayoría de los cargos que se sometieron a elección aún no habían cumplido el plazo de mandato y no procedía, por tanto, su renovación y porque (y reproduzco textualmente): “las votaciones de renovación quedaron distorsionadas por el hecho de que una vez que la Asamblea no ratificó las expulsiones acordadas por el Consejo Rector, se continuase el desarrollo de la reunión sin permitir el acceso en particular de las personas afectadas por el procedimiento de expulsión, sometido a ratificación, vulnerando sus derechos a ser electores y elegibles a los órganos sociales de la entidad, máxime cuando algunas de ellas podían tener delegaciones de voto. Parece evidente, que el resultado de las votaciones hubiera podido ser distinto; vulnerando asimismo el derecho a la palabra (derecho de voz del art. 23.b LCCM).

Bien es cierto que esta Resolución fue recurrida en alzada por el Consejo Rector y habrá que estar a lo que se resuelva en el recurso, pero aún así no se justifica la falta de información a los socios.

Aclarar, asimismo, que el socio que escribe esta carta no pertenece al Equipo municipal, ni está afiliado a IU, ni es socio de la Asociación Amigos de la Cooperativa, ni pertenece al club deportivo Covibar, ni ha pertenecido con anterioridad a ninguna Junta Rectora de Covibar, ni es comerciante descontento, ni pertenece a ningún medio de comunicación financiado por el Ayuntamiento, ni tiene su cuartel general en la Casa de las Asociaciones, ni pertenece a esa especie de contubernio judeo-masónico que afirma el Consejo Rector que ha puesto en marcha el Equipo de Gobierno municipal con la intención de “derrocarles”. Y he utilizado el término “derrocar” porque  este término, de ciertas connotaciones belicistas, es el que utiliza el Consejo Rector en la última revista de la cooperativa (véase la pág. 3 de la revista número #225).

También quiero tranquilizar a los miembros del Consejo Rector en el sentido de que en la Asamblea del día 16 no voy a dirigirles ningún insulto de los que dicen en la última revista que le suelen dirigir. No es mi estilo y, además, el idioma español es suficientemente rico para llamar a las cosas por su nombre.

Asimismo, aclarar a los que tuviesen alguna duda, que no voy a presentarme a ningún cargo de la cooperativa.

Han bastado tres años para que los socios que de buena fe votamos al actual Consejo, nos hayamos dado cuenta de que este Consejo Rector, al que hay que reconocerle que ha realizado cosas muy buenas en el ámbito cultural, no va por buen camino y que lo mejor que puede hacer es dimitir. Mucho me temo que no atenderán a mi petición y que dentro de unos años abandonarán su cargo dejándonos como herencia mil pleitos pendientes en los juzgados y, lo que es peor, una cooperativa llena de enfrentamientos y rencores. Y, es más, me temo que dentro de poco, si no lo han hecho ya, me convertirán en objetivo de su febril actividad judicial pagada por todos los cooperativistas. Por si alguno tiene esa tentación, le adelanto que no le va resultar fácil acallarme y que, desde luego, los cooperativistas, como ya hicieran en la Asamblea del día 17 de junio de 2012, no van a respaldar con su voto que se expulse de la cooperativa a ningún cooperativista mediante procedimientos de dudosa legalidad.

Pero si, por casualidad, el Consejo Rector aceptase mi propuesta de dimisión, que sepan sus miembros que seré el primero en agradecerles los servicios prestados y desearles que tengan mucha suerte en su vida particular. Parafraseando lo que decían en su carta del ocho de marzo, les digo a los miembros del Consejo que seguramente serán magníficos padres, madres, familiares, políticos con mayor o peor fortuna, etc., pero lA Asamblea les va a juzgar como gestores. Y la Asamblea, ajena a amistades, relaciones de parentesco o vecindad, y demás excusa, espero que les diga que con tres años de mandato ya han tenido bastante.

Ramón Bonilla Solís

Escrito por en 12/06/2013. Archivado en Cartas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.