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Arte y oficio de vestir el santo (I)


24/09/2013

Artículo  ARTE Y OFICIO DE VESTIR EL SANTO-3Tuvo en su día gran repercusión en los medios de comunicación la expresión del titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Palma, José Castro, cuando afirmó que los convenios que firmaba el señor Urdangarín con la Administración “no fueron otra cosa que la forma arbitraria de vestir el santo“. Según este juez, con la vestimenta de los convenios de colaboración la Administración conseguía beneficiar a dicho señor burlando los criterios legales de objetividad, legalidad y servicio a los intereses generales exigibles en la actuación administrativa.

Confieso humildemente que no había escuchado antes la expresión de “vestir el santo” en el ámbito jurídico, pero creo que es muy acertada para definir la actividad que realizan algunos organismos laicos para conseguir sus fines perversos y, por ello, voy a intentar establecer el paralelismo que existe entre el mundo religioso y el laico en esto de vestir al santo. Vaya por delante mi manifestación del mayor a respeto a los sentimientos religiosos de las hermandades y cofradías, a las que en ningún momento pretendo herir con mi artículo.

Empezaré  diciendo que en el ámbito religioso el objetivo que persigue el “vestidor de santos” es dar a la imagen que la cofradía va a procesionar  una apariencia tal de realismo que remueva la fe de los que la contemplen. Con este fin, el vestidor va a utilizar mantos, brocados, diademas, aureolas, dagas, corazones, potencias, etc.. poniendo en ello todo su arte y oficio. Es una tradición que las imágenes de la Virgen sean vestidas por mujeres de la cofradía llamadas “camareras” o “camaristas”, ya que sólo ellas pueden colocar las ropas interiores a esas imágenes.

Pues bien, en el ámbito profano suele asumir un papel equivalente al del vestidor de santos del ámbito religioso una persona con formación jurídica (normalmente un abogado, pero también puede ser un juez, o un político,…) que percibe por desempeñar este trabajo unos respetables honorarios. Mientras el papel de cofradía o hermandad suelen representarlo en la vida civil la Administración, una empresa, una asociación, un sindicato, una ONG,… El objetivo (ilegal) de estos organismos laicos es, en muchos casos, hacer creer al juez, al ciudadano de a pie, al socio cooperativista, o al contribuyente, etc., que lo que está ante sus ojos es la imagen venerable de la Justicia. Las tareas de camaristas suelen desempeñarlas en la vida civil los altos cargos (los hermanos mayores) de la compañía (el Presidente, el Secretario, el Consejero, etc., de la entidad) sin hacer distinción de sexos. Ellos son los que junto con el vestidor-letrado asumen el papel de engalanar el engaño cuando este es de tal magnitud que ningún otro cofrade debe estar al tanto de él para evitar que se frustre el objetivo de mover a los incautos a la fe en la Justicia.

Con un afán didáctico, en un artículo anterior  publicado en esta revista (“Empezar con mal pie”) inicié la explicación del arte y oficio de “vestir el santo” en la vida civil, utilizando para ello como modelo el procedimiento de expulsión que ha puesto en marcha contra mi persona la cooperativa de viviendas a la que pertenezco. El objetivo (el santo que hay que vestir) no es otro que mi expulsión (injustificada e injustificable) de la cooperativa.

El papel de vestidor de esta expulsión lo desempeña, al parecer, un letrado que ha demostrado hacer auténticas obras de ingeniería judiciales y que recibe por ello una generosa retribución económica.

El papel de camaristas, lo desempeñan dos o tres miembros del Consejo (el equivalente a los hermanos mayores de la cofradía), que son los únicos que, junto con el vestidor-letrado, conocen completamente el santo a vestir.

Para conseguir el objetivo de la expulsión, el vestidor-letrado, ayudado por los miembros del Consejo Rector-camaristas, ha procedido a montar un andamiaje llamado procedimiento sancionador, utilizando para ello leyes y un soporte central (los Estatutos de la Cooperativa), colocadas a su antojo. Así, en el artículo que mencioné anteriormente, publicado por mí en esta revista, se puede ver esta primera pieza del andamiaje del santo: el documento en el que se me informa que se me abre un expediente de expulsión porque he cometido una falta muy grave (no se dice cual) que se contiene en el artículo 15 de los Estatutos y que, por lo pronto, se me priva de una serie de derechos como cooperativista.

La segunda pieza a colocar en este andamiaje del santo es el nombramiento de un Instructor-cofrade mayor. Véase el documento que reproduzco a continuación y que contiene el nombramiento del mismo.

Como soy cofrade menor-penitente (a mi pesar) en esta mascarada, se me pide que diga si tengo algo en contra del Instructor nombrado con la venia del vestidor-letrado y los consejeros-camaristas… Sé que de poco  van a servir mis quejas, porque el vestidor-abogado y los camaristas-cofrades mayores ya saben de antemano la respuestas que han de darme para que al final el santo esté bien vestido. Pero esto será objeto de otro artículo.

Ramón Bonilla Solís

Escrito por en 24/09/2013. Archivado en Cartas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.