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Arte y oficio de vestir el santo (II)


30/10/2013

Artículo ARTE Y OFICIO DE VESTIR EL SANTO (II)-3Dice la sabia Wikipedia que “farsa judicial” es una expresión utilizada para referirse a la situación en que, para disimular la intención de condenar a una persona en particular que resulta especialmente molesta para el poder establecido, y conferirle a dicha maniobra una apariencia de legalidad, se la somete a un juicio fraudulento, cuyo resultado final es previsible, y en el cual no se le confiere a la persona contra la que se entabla ninguna de las garantías propias de un debido proceso que le permitan obtener acceso a la justicia. Un ejemplo de farsa fueron los procesos conocidos como la “caza de brujas” promovidas por el senador Joseph McCarthy en Estados Unidos, muchos de los cuales fueron efectuados en infracción a las garantías de los acusados.

El vestir el santo, en el ámbito profano, no es sino una modalidad de farsa, aunque no siempre tenga lugar en el medio judicial. En efecto, vengo recogiendo en estos artículos las semejanzas existentes entre la actividad de vestir el santo que realizan las cofradías y hermandades y el denominado “vestir el santo” en el argot jurídico. Todo ello, como ya manifesté en mi anterior entrega, con el más absoluto respeto a los sentimientos religiosos y únicamente con fines didácticos.

Ese paralelismo, esa semejanza, existe en lo que se refiere a las tareas realizadas para conseguir el objetivo final (legal en el caso religioso e ilegal en el profano). Un ejemplo de cómo se puede urdir una bufonada (vestir el santo, en el argot jurídico) es el que vengo utilizando en mis artículos: el procedimiento de expulsión de un socio de una cooperativa. En todo esta tragicomedia juega un papel esencial, como ya decía en mi anterior artículo, el personaje que he denominado vestidor-letrado, persona del ámbito jurídico al que se encomienda la tarea de poner los caireles jurídicos al fin bastardo perseguido (el santo a vestir) para que el cofrade-socio o el juez incauto crea que todo ha sido realizado según los cánones de pureza democrática. Los artículos de leyes y reglamentos, usados a conveniencia, suelen ser los ropajes más utilizados en esta performance de la mascarada. El vestidor-letrado es sin duda la pieza clave de la pantomima, mientras los que he denominado cofrades mayores (los miembros de la Junta o Consejo Rector), que le han contratado para esta bufonada, van dando su visto bueno a cada paso que aquél da en su trabajo. Hay que reconocer que no es tarea fácil la que se le encomienda, ya que puede encontrarse con contratiempos, como cuando un juez descubre que él y algunos cofrades mayores-miembros le han hecho trampa y ordena, mediante Auto judicial, que el santo  sea desnudado y vestido de nuevo con otra ropa limpia y decente. Lo normal en estos casos es que la Cofradía cambie de vestidor-letrado al descubrirse el engaño,  pero no siempre es así, sobre todo si el fracaso del vestidor-letrado y de los cofrades mayores-miembros del Consejo Rector se puede escamotear a los cofrades-socios. Esta es la vía que suele utilizarse, por ejemplo, si los cofrades mayores-miembros del Consejo han perdido un juicio  o cuando un juez ha anulado una sentencia anterior por entender que la expulsión de socios de la cooperativa fue realizada por los cofrades mayores-miembros del Consejo ilegalmente; en estos casos, o no se informa a los cofrades-socios cooperativistas o se informa a éstos de forma taimada para que asuman que todo ha sido un pequeño contratiempo sin importancia (se les dirá: “un juez sustituto ha aceptado a trámite un recurso …” en vez de decirles “que un juez ha anulado su propia sentencia tras descubrir que se expulsó a unos cofrades-socios cooperativistas de forma ilegal…”).

Para ilustrar lo que vengo diciendo, sirva mi propio expediente de expulsión de la cooperativa Covibar. La pantomima comenzó en el momento en que me notifican que me abren un expediente de expulsión por una falta muy grave que al día de la fecha, cuando han transcurrido meses, aún no sé en qué consiste (aunque el santo a vestir está bien claro: expulsarme de la cooperativa por denunciar las violaciones sistemáticas de los derechos de los socios cooperativistas que realiza el Consejo Rector). La segunda pieza de esta mascarada vino un mes después y consistía en informarme que un vocal del Consejo Rector asumía el papel de instructor de mi expediente de expulsión. Hoy reproduzco la tercera pieza que ha elaborado el vestidor-letrado para dar verosimilitud al santo: el rechazo de las recusaciones que se hacen contra un cofrade mayor-miembro del Consejo al que le han encomendado el papel de instructor plenipotenciario de varios expedientes de expulsión. El rechazo era ya algo esperado, anunciado, ya que lo importante es que la mojiganga continúe sin dilaciones y se pueda concluir la labor de vestir el santo antes de que llegue el día de la procesión (la Asamblea General de socios) en el cual se mostrará en todo su esplendor la labor del vestidor-letrado en el sainete. Pero de eso hablaré en un próximo artículo.

Ramón Bonilla Solís

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Escrito por en 30/10/2013. Archivado en Cartas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.