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Tiempo de matanza


08/02/2014

“À chaque porc vient la Saint Martin”. (refrán francés)

“Motivos personales”, dijeron desde la web del Consejo Rector, habían motivado su dimisión. Pero, en un artículo que puede leerse en esta Sección me hacía eco de los rumores que circulaban de que la dimisión del Presidente de la Cooperativa (al que llamaré Sr. Y en adelante) fue precedida de enfrentamientos serios en el seno del Consejo.

Pues bien, hace unos días me llegó la noticia de que el Sr. Y, se encuentra incurso en un proceso de expulsión de la Cooperativa. Mi asombro inicial dio paso, si he de ser sincero, a una sonrisa. Cierta felicidad me produjo, en efecto, saber que la persona que presidía el Consejo Rector que aprobó instruirme un expediente injusto de expulsión era ahora víctima (alguacil alguacilado) de la infernal maquinaria que él mismo puso en marcha. Maquinaria que él durante su mandato engrasaba pacientemente con una ingente cantidad de expedientes de expulsión, pleitos por injurias, por calumnias, por amenazas, por allanamiento de local, por deudas, etc. Pleitos que han continuado después de su dimisión y de cuyos resultados el socio cooperativista no recibe información alguna, pero que, sin saberlo, paga religiosamente.

¿Pura casualidad? Tal vez cosa del destino: todo apunta a que el expediente de expulsión del ex Presidente se debió iniciar en fecha próxima a la festividad de San Martin de Tours, obispo francés que ha gozado de mucha devoción, y que se celebra el 11 de noviembre, siendo una fecha muy señalada en muchos pueblos de la geografía española pues es cuando tiene lugar la matacía o matanza del cerdo.

Me ha emocionado saber que, el Sr. Y y yo, incluso compartimos el mismo instructor en los respectivos expedientes de expulsión. Y hasta es posible, en fin, que él y yo  lleguemos a coincidir ante la puerta del salón de actos de la cooperativa el día fijado para que la Asamblea General vote nuestra expulsión; espero su resignación cuando el vigilante jurado le informe que no puede acceder al salón porque está expedientado. Y será curioso ver como alguno de los miembros “en funciones” del Consejo Rector, sus antiguos colegas, leen desde la mesa presidencial su nombre, y enumeran sin inmutarse los “delitos” que dicen que ha cometido y, a continuación, concluyen: “El Sr. Y. realmente no ha alegado nada en su defensa, limitándose a hacer un corta y pega…”. Exactamente lo mismo que el dijo cuando, vulnerando todas las leyes del cooperativismo, impidió el acceso al salón de actos y la defensa de unos cuarenta socios.

En fin, mucho temple habrá de tener para no desfallecer cuando le informen del resultado de la votación y calcule entonces el dinero que habrá de gastar (ahora, sí, de su propio bolsillo) para pleitear buscando su readmisión en la Cooperativa.

Y tal vez recuerde con amargura el día en que se prestó a ir de la mano de un enajenado mental, de un loco, de un demente, que ahora se dispone a hacer de matachín situándole el cuchillo en el esternón, para llegar finalmente a la yugular siguiendo la ruta que le marca la espina dorsal.

Una puñalada trapera, una traición, una deslealtad se repetirá el Sr. Y una y otra vez, mientras se desangra haciendo alegaciones, más alegaciones, recursos, más recursos, apelaciones… que el matachín utiliza para quitar el óxido de la hoja de su cuchillo.

Paciencia, Sr. Y., pues sé de buena tinta que hay un juez muy hábil como capador que ha puesto sus ojos en el matachín, y lleva un tiempo afilando la navaja barbera en el  asentador de cuero. No ha de tardar mucho en poner en práctica los conocimientos que su padre le dio en las dehesas extremeñas cuando aún era estudiante de Derecho: “Al cerdo hay que caparlo por detrás. Se le cogen sus partes y se le hace un corte y le sacas el ril, y después le haces otro corte y le sacas el otro. Y después coges una rama de sabuco y le atas por un lado y por el otro. Y después le echas aceite para que vaya curando. Luego para quitarle el hilo y la ramita, si no se cae sola, debes darle mucha comida para cortarle el hilo mientras come”.

Es tiempo de matanza y en Candelario (Salamanca), por sus empinadas y enrolladas calles, ya deben bajar las regaderas con sus aguas cristalinas teñidas de sangre.

Ramón Bonilla

 

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Escrito por en 08/02/2014. Archivado en Cartas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.