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Fiesta de la Bulería de Jerez, dedicada a Manuel Moneo


El pasado 25 de Agosto, tocaba disfrutar de la tercera y última parte de la 51 edición de la Fiesta de la Bulería. Se trataba de una noche distinta y emotiva, pues se rendía homenaje al Bronce de la Plazuela, Manuel Moneo Lara, quien fallece el pasado 19 de Diciembre. Y, como no podía ser de otra manera, su hijo encabeza la veneración a este artista, defensor del cante grande.

Texto: Alejandra Pachón. Fotos: Vicente Pachón

El Barullo nace en la Calle Acebuche y, como ya hemos mencionado, es hijo de Juan Moneo Lara. Este cantaor creció escuchando el cante de la Plazuela y convivió con artistas de la talla de El Viejo Agujetas, Berenjeno, la Paquera de Jerez o Eduardo Méndez. Tal es su talento, que llega a participar en los espectáculos de Manuel Morao.

Por fin, después de unos largos minutos de espera, se hace un silencio sepulcral en el recinto para escuchar, por tonás, a los que esa noche querían ofrecer su cariño y dedicación a la familia Moneo, utilizando el personal pellizco flamenco de todos y cada uno de los artistas de la velada.

Era una fiesta dominada, a parte de por la gallardía, por los tintes sobrios y apesadumbrados, a causa de la ausencia del respetado cantaor. Barullo recuerda, por soleá, a su padre, sus raíces…cante mediante el que el escenario se tiñe de ocres nostálgicos Y del fulgor de los quejíos melancólicos que alimentaban aún más su recuerdo. El cantaor, sin poder dejar de emocionarse, tiene a su izquierda a Diego del Morao, quien acompaña con mucho respeto y admiración, sus giros taciturnos y bohemios y lo sostiene cuando la memoria del cantaor más se empaña de su remembranza.

Jesús Méndez, cantaor de la gran saga de los Méndez, defensor de los característicos cantes de la Plazuela y notoriamente reconocido por la brillantez de sus soleares y bulerías, aparece en aquellas tablas, conmocionado por las circunstancias y vestido con un elegante traje negro, aunque esta vez, como si de un luto se tratase. El artista consigue, una vez más, con toda su humildad hacer, paradójicamente, alarde de su galantería y revelar todo su talento y potencia, aún cuando parecía que ya no había cabida para más.

Por su parte, la Macanita, es también una deslumbrante cantaora de Jerez, que empieza a despuntar desde muy temprana edad. Como indicio, se puede destacar su participación en Rito y Geografía del Cante cuando tenía tan sólo cuatro años. Así, Tomasa Guerrero, al inicio, sale envuelta en colores plata, a juego con la luna llena y, como si de un hada madrina se tratara, deposita en cada uno de nosotros, unas elevadas expectativas para aquella representativa noche.

Cuando llega su turno, no duda ni un segundo en hacer alusión a, como ella lo llama, el Patriarca de Jerez, a quien le dedica la soleá que declama, como si lo tuviera delante, con una voz potente que saca de sus entrañas, mezclada con el papel que juega, en ese instante, el brío de su corazón. La Macanita hace uso, en todo momento, de una modulación vocal impregnada de técnica, pero sobre todo, de sentimiento. La cantaora termina por bulerías, haciendo honor a su tierra, acompañada por Diego del Morao, que suma maestría y carisma a sus movimientos y quejíos.

La aparición de Luis el Zambo en este homenaje era prácticamente esencial por su sensibilidad para comprender y emprender el cante gitano, pues desciende de las sagas cantaoras protagonistas de Jerez. Aprovechando su capacidad de hechizar y seducir cada vez que reaparece ante el público, entona bulería por soleá, con la que saca a relucir una voz profunda y dominada, gracias a la que deja entrever experiencia y andadura. Entonces, por bulerías, logra integrar, paulatinamente, pinceladas de color a la emotiva oscuridad de ese fascinante instante.

Es importante tener en cuenta que, en la nostalgia que predomina en la velada, Jesús Méndez, acompañado por Manuel Valencia al toque, cambia de tercio y canta por alegrías con gusto y maestría consiguiendo, de esta manera, recomponer por un momento, nuestras almas encogidas a causa de la añoranza que se  dilucidaba en el ambiente.

Como colofón, antes del grandioso fin de fiesta por bulerías, sale al escenario una maravillosa Manuela Carpio acompañada de las voces de grandes artistas como El Extremeño, Miguel Lavi, Juanillorro o Juan José Amador. La bailaora, aparece ataviada con una bata de cola morada de la que se desprende a medida que avanza el cante por soleá, que parecía hecho a medida, exclusivamente para ella. Manuela se hace dueña del espacio y consigue pausar el movimiento, al tiempo que embiste al cante y se deja llevar, en todo momento, por la interpretación y el dramatismo.

Así, defiende su actuación con valentía y arranque pues jugaba un papel muy importante en la ejecución de la colosal tertulia que ella misma dirige y al que añade, al fin de fiesta por bulerías que previamente hemos mencionado, artistas de la talla de Pepe Torres, Carmen Ledesma o Fernando Soto.

Sin duda, un desenlace inigualable y emotivo que dejará siempre un gran recuerdo de la 51 edición de la Fiesta de la Bulería, que lleva por sobrenombre: Manuel Moneo Lara.

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Escrito por en 04/09/2018. Archivado en Flamenco. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.