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XVI Ciclo de Flamenco y Mosto: Enrique Afanador, Juan Antonio Gámez y Juan Tomás de la Molía 


XVI Ciclo de Flamenco y Mosto de Trabujena, con la presencia de Enrique Afanador con la guitarra de Juan Antonio Gámez y Juan Tomás de la Molía con su grupo.

Texto: Alejandra Pachón y Fotos: Vicente Pachón

Y, por fin, llegaba de nuevo, el ansiado reencuentro de cada viernes con nuestros aficionados flamencos y los respectivos artistas invitados.

En este caso, el protagonismo de la noche del 2 de Noviembre era de Enrique Afanador y Juan Tomás de la Molía.

Se trataba de una noche del Ciclo de Flamenco y Mosto especialmente entrañable, pues los encargados de invadir aquel espacio con sus sentimientos, a través de su pasión por el flamenco,  eran dos virtuosos originarios del flamenco pueblo de Trebujena. Comenzaba la noche de la mano del cante, con Enrique Afanador, que salía acompañado de la guitarra de Antonio Gámez.

Enrique hacía brotar el flamenco en aquella noche, valiéndose de la interpretación de la malagueña de Manuel Torre, encauzada por medio de la melosidad, la paz y el sosiego que transmitía su cante…cante que acompaña una guitarra inteligente, puesto que sabía consentir el protagonismo que el cante necesitaba en cada momento, mediante la exacta combinación de los acordes y unos broches que irradiaban una gran elegancia.

Una vez acabada la malagueña, El Afanador intercambiaba unas palabras con los allí presentes para propalar su principal intención, que era la de saber estar a la altura en una velada tan representativa y familiar.

Durante su segunda interpretación, por soleá, el cantaor se desinhibía un poco más y alzaba la voz al tiempo que conseguía encaramar el sentimiento de la gente.

Así, se nos permite hacer un análisis de su competencia y profesionalidad ,al ser capaz de controlar la potencia de la voz de esa manera tan estricta. Esta cualidad hace de Enrique un cantaor muy especial.

En el caso de la guitarra, Antonio Gámez nos hacía disfrutar de una soleá en la que se entremezclaban los acordes nostálgicos típicos de este palo y la armonía que rompía con la radicalidad y la dureza del mismo, a la vez que esta era suplida, minutos más tarde, por un tercio desgarrador que alzaba el cante a su punto más álgido.

Enrique decidía acabar la primera parte de su actuación por Alegrías de Cádiz para rasgar un poco el sosiego que habían producido los sonidos anteriores. Destacar, por supuesto, los trémolos de Gámez, acompañados, con complicidad, por el trebujenero.

Llegaba el momento del joven bailaor Juan Tomás de la Molía, muy apreciado en su pueblo, desde siempre, por su arte y desenvoltura en el arte flamenco. Juan Tomás empezaba su actuación por soleá, acompañado de José el Tremendo, hermano de la Tremendita y Dani al toque.

En  primer lugar, el cante nos envolvía, con su voz firme y enérgica, en la atmósfera que se necesita para recibir al bailaor, que pisaba con seguridad el escenario desde el primer momento. Su distinguida colocación y el eco de sus tacones nos permitían dilucidar una gran cantidad de adjetivos, realmente positivos, que envuelven a este joven artista, tales como su precisión, su control de la fuerza y su maestría y templanza.

Por supuesto, el plato más fuerte de la soleá que ejecutaba, eran las bulerías con las que ponía fin a un baile dominado por el empaque y la elegancia y con las que dejaba boquiabiertos a todos sus paisanos, provocándoles unas inmensas ganas de volver a verlo brillar en aquel escenario.

La segunda parte se abría de nuevo con Enrique Afanador, quien decidía comenzar con unas seguiriyas, que acababan con el cambio de Manuel Molina y en las que conseguía sacar a relucir toda la fuerza que necesita este cante, dejando a un lado la contención que caracteriza su íntima forma de cantar.

Después de las seguiriyas, daba paso a unos tangos de Graná , peculiares por dos cosas, primeramente por la salida particular del que hacía uso el cantaor en ese momento de la velada y, en segundo lugar, por el tinte nostálgico y singular que aportaba a un cante que, normalmente destaca por sus pinceladas festeras.

Y  llegaba el momento de despedir a nuestros queridos artistas Enrique Afanador y Antonio Gámez, quienes decidían acabar por fandangos, entonando una letritas con las que se ganaban al público, por el sentimiento y las ganas que  le ponían…dos aspectos que podrían definir a la perfección la imagen que nos quedó de ellos al finalizar el acto.

Pero, esto aún no había llegado a su fin, pues quedaba por llenar las cuatro paredes del salón del júbilo que desprendía Juan Tomás, en este caso por cantiñas. El bailaor volvía a salir apoyado por el maravilloso elenco que lo acompañaba al inicio de la actuación.

Juan Tomás nos permite apreciar el avance que ha conseguido durante estos meses, trabajando duro, pues ha conseguido, como muchos otros artistas, hacerse un hueco en Sevilla, en la famosa Fundación de Arte Flamenco de Cristina Heeren, donde actualmente se está formando y  donde, nos consta, sólo hay buenas palabras para él.

Esperamos que este sólo sea el comienzo de una maravillosa y fructífera carrera.

Para concluir diremos que, como expresaba  Enrique al comienzo, consiguieron quedar, sin ninguna duda, a la altura de las circunstancias y que su pueblo natal estuviera orgulloso de los impecables artistas que proliferan en este afable pueblecito andaluz.

Escrito por en 13/11/2018. Archivado en 0Ultimas,Flamenco. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.