ppp

Puedes seguirnos en

Síguenos en: FacebookSíguenos en: TwitterSíguenos en: LinkedInSíguenos en: TuentiSíguenos en: MySpace


Desintegrar la historia


Nunca me había parado a pensar si la virtud de la integridad supone realmente un valor positivo en sí misma. A fin de cuentas, una de las cualidades que más se han resaltado de Manuel Fraga a propósito de su fallecimiento ha sido ésa. Desde adversarios políticos que compartieron con él el brasero de la mesa camilla constituyente hasta quienes militan en las filas del partido que él fundó junto a la flor y nata del búnker tardofranquista, pasando por tertulianos de todo pelaje de lo políticamente correcto, no han parado de repetirse calificativos que remiten a su coherencia, su firmeza guiada por la sincera convicción en lo que creía, su inquebrantable vocación de servicio o su sentido de Estado. La propia portavoz municipal del PP lo definió literalmente en una red social como “un hombre íntegro donde los hubiere”.

Y no hay motivo alguno que nos lleve a cuestionar estas afirmaciones, al menos por lo que de su biografía oficial se sabe. De hecho, entre la designación de Fraga Iribarne como Ministro de Información y Turismo, el ‘Goebbels’ del desarrollismo franquista, en 1962 –por no remontarnos a momentos anteriores de su trayectoria- y una de sus últimas entrevistas publicadas en prensa impresa en 2007, en la que hablaba de la dictadura como régimen que posibilitó “una España con más orden”, pocos o ninguno son los casos en que pueda acusarse al jurista gallego como incongruente. La certera línea recta de coherencia de una trayectoria con hitos como el del fusilamiento de Julián Grimau y su posterior campaña desinformativa (de “ese caballerete” tildó Fraga al disidente asesinado por el Consejo de Ministros en el que don Manuel se sentaba), el también asesinato del estudiante Enrique Ruano en 1969 por el delito de repartir pasquines antifranquistas (divulgado por Fraga como un suicidio), o la brutal represión de la huelga de Vitoria en marzo de 1976 que se saldó con cinco muertos.

Lo que no parece tan riguroso es ese empeño por hacer pasar a Fraga como uno de los padres fundadores de nuestra democracia, ya que, si bien es cierto que fue ponente constitucional, también lo es que ninguno de los diputados de su partido, Alianza Popular (hoy PP) votaron a favor del texto. La falta de integridad, pues, no es achacable a un Fraga que nunca matizó (no hablo de renegar o condenar) su pasado franquista, sino a las gafas con que hay quien quiere ver y sentarse a escribir la historia. Las ascuas aún prendidas de aquella mesa camilla no pueden hacer arder la evidencia.

Escrito por en 19/01/2012. Archivado en Opinión. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.