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Ayuno de derechos


La conquista del derecho al matrimonio para todas las parejas parece tambalearse por la previsible victoria del Partido Popular. La ambigüedad de Rajoy deja entrever que podría dejarse caer un manchón de ‘tipp-ex’ sobre el Código Civil, si no a través de una reforma legislativa en las Cortes, sí mediante una renovación del Tribunal Constitucional a la medida de las aspiraciones de ese brazo político de la homofobia en que ha decidido convertirse el PP.

Millones de ciudadanas y ciudadanos ven sus derechos civiles en vilo, por el simple hecho de, llegado el caso, querer para su proyecto de vida con una persona de su mismo sexo igualdad de derechos que las parejas heterosexuales. Lo más curioso de este debate es cuando se torna en un asunto de precisión semántica o etimológica, y queda reducido a la supuesta falta de rigurosidad de la palabra “matrimonio” para definir la unión legalmente reconocida entre personas del mismo sexo. “Estoy a favor de que las parejas homosexuales tengan los mismos derechos, pero no de que se llame matrimonio”, se llega a escuchar por ahí.

“Matrimonio” proviene del latín de “matrem” (madre) y “monium” (calidad de), lo que remitiría al papel de la mujer y su maternidad como definitorio del significado. Por tanto, una pareja de gays no podría nunca ser matrimonio. Pero, ¿están nuestras leyes civiles y nuestra vida cotidiana regidas hasta ese extremo por las etimologías? ¿Acaso el “patrimonio” es sólo el conjunto de bienes que legalmente se reconocen a un varón o el “salario” mínimo interprofesional se estipula en una cantidad concreta de sal? Por otra parte, en el caso de una pareja de dos mujeres, ¿podríamos hablar de matrimonio al cuadrado?

El otro día alguien reflexionaba en Twitter sobre este asunto e ironizaba con la siguiente afirmación: “Estoy a favor de que las personas homosexuales ingieran alimentos al despertarse por la mañana, pero no de que se llame desayuno”. La pelea no es por una palabra u otra, sino por los mismos derechos, pero cambiar a éstos de nombre es una forma de segregar, de levantar muros de cristal en la igualdad legal. Quienes se aferran desesperadamente, en la discriminación que practican, al diccionario, deberían recordar que es preferible el ayuno de purismos filológicos al ayuno de derechos. Y quienes creemos en la viveza de la lengua como herramienta para entendernos, no podemos olvidar que sólo una presencia fuerte de IU en el Congreso puede frenar el poder del prejuicio disfrazo de etimología. El próximo 20 de noviembre, votemos con los ojos abiertos y bien desayunados.

Escrito por en 16/11/2011. Archivado en Opinión. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.