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Cuatro años de silencio


08/05/2014

A buen seguro que muchos socios de la cooperativa de Covibar van a enterarse al leer este artículo de que ha dimitido su presidenta en funciones, Dª. Pilar Marín. Y es que ningún escrito hemos recibido en nuestro domicilio que nos informe sobre la dimisión de quien estaba al frente del órgano que gestiona los intereses cooperativos, de la fecha en que ha tenido lugar ni de los motivos de la misma. Ni siquiera esta vez se ha recurrido a la fórmula que se utilizó en el caso del anterior Presidente (Sr. Yáñez) de recoger en la web una nota que atribuía su abandono del cargo a motivos personales. Motivos, dicho sea de paso, que debieron ser poco personales ya que le han llevado a estar incurso en un expediente de expulsión de la cooperativa.

Pero no es este un hecho aislado. Se sigue, una vez más, con la tónica iniciada hace cuatro años de no informar a los socios sobre los asuntos que afectan al órgano gestor de la cooperativa (el Consejo Rector). Nada se informó en su momento sobre la dimisión de vocales ni de su Presidente, ni ahora de su Presidenta en funciones. Tampoco se informó a los socios en su día de que seis miembros del Consejo Rector habían impugnado los acuerdos de la Asamblea General. Nada se informa, en fin, a los socios sobre la ingente cantidad de juicios en los que se ven envueltos los miembros del Consejo Rector, de sus causas, ni, desde luego, de las sentencias que recaen en los mismos. Los que se manifiestan en las portadas de la revista informativa de la cooperativa como firmes “defensores del patrimonio de los socios” se olvidan que esa defensa debe ir acompañada del cumplimiento de su obligación de informar, de poner en conocimiento de los socios, puntualmente, hechos importantes para la cooperativa. El derecho de la información no puede reducirse a  una Asamblea General anual. El derecho a la información, la transparencia, la resolución negociada de los problemas, es el otro “patrimonio” (el inmaterial) que deberían preservar los miembros del Consejo Rector y deberían hacerlo con la misma vehemencia que muestran en la defensa del patrimonio material. Es injustificable que un socio, como el que firma este artículo, haya tenido que recurrir en dos ocasiones a la Inspección de Trabajo para conseguir que el Consejo Rector le proporcione una documentación solicitada en tiempo y forma.

Pero a esta opacidad del Consejo hay que añadirle un hecho curioso: los que abandonan los cargos lo hacen según la fórmula dieciochesca de “despedirse a la francesa”. “No hay estética sin ética. Luego apaga y vámonos”, decía el profesor Valverde en solidaridad con otros conocidos profesores expulsados de la universidad. Pues bien, no es ética ni estética esta forma de actuar de los miembros del Consejo Rector que dimiten. Ninguna ley del silencio  ni ninguna cláusula de confidencialidad puede servir de amparo a los dimisionarios para no despedirse de los socios y, en su caso, denunciar ante éstos las conductas irregulares o delictivas que hayan podido apreciar en el actuar del Consejo. No sirve el ir luego, cuando han pasado cuatro años, a la Asamblea General a contar a los socios las múltiples irregularidades que observaron en el Consejo durante su mandato.

Se acerca la Asamblea General de la que habrá de salir un nuevo Consejo Rector. Desgraciadamente, la revista de la cooperativa es una vez más utilizada como arma propagandística en vez de cómo instrumento de debate democrático. Los cooperativistas leemos con indignación en el número de abril como se nos pretende reclutar, una vez más, para una guerra entre el Consejo Rector (lo que queda de él) y los integrantes de una supuesta Operación Covibar (Mancomunidad de Covibar, CD Covibar, Sindicalistas de CCOO, miembros activos del PCE, Pedro del Cura, Tania Sánchez, Montse Burgos, Raúl Sánchez, Asociación Amigos de la Cooperativa, etc.). Las viejas tácticas del enemigo exterior y la teoría conspirativa parecen recuperar actualidad. Todo hace prever que la próxima Asamblea será transformada en una farsa donde lo de menos será ver los proyectos que tienen los candidatos y que les motivan a concurrir a los cargos y lo demás que el debate se centrará, desgraciadamente, en descalificar al contrario (eso si previamente no se le ha impedido acceder al salón de actos como ocurrió en la última Asamblea). Sería deseable, por tanto, que la revista de la cooperativa (la voz de los socios) diese cabida a todos los candidatos que concurran a las elecciones, para que el socio conozca sus proyectos y pueda ejercer su voto con responsabilidad.

Nadie puede negar que durante estos cuatro años se hayan  realizado cosas positivas en la gestión de la cooperativa, continuando y mejorando en muchos casos el trabajo realizado por otros miembros del Consejo que les precedieron en los cargos. Las actividades culturales programadas (charlas, ciclos de conferencias, viajes culturales, encuentros con escritores locales, exposiciones, cine, etc.) han sido numerosas y, en general, de calidad. Pero toda esta buena labor realizada en los cuatros últimos años se ha visto empañada por una falta de comunicación con los socios; falta de comunicación que recuerda una versión moderna del despotismo ilustrado del siglo XVIII: todo por el cooperativista, pero sin el cooperativista. Al socio se le ha dicho durante estos cuatro años aquello de “gato negro, gato blanco, lo importante es que cace ratones”, pero no es cierto: no sólo interesan al socio los fines sino también los medios utilizados para conseguirlos y, desde luego, que éstos sean legales.

Y a este panorama, finalmente, habría que añadirle la política de hostigamiento que se ha venido aplicando con aquellos que disienten (respetuosamente, por supuesto) con el actuar del Consejo. A estos se le ha sometido a procedimientos ilegales de expulsión que van acompañados desde el inicio de una no menos ilegal suspensión de sus derechos sociales. Procedimiento sancionador que se extienden artificiosamente en el tiempo sin que, en muchos casos, el expedientado sepa el motivo por el cual se le instruye.

Sin duda los socios nos vamos a encontrar en la balanza de estos cuatro años, con cosas positivas y cosas negativas. Los socios exigimos transparencia y participación en este proceso preelectoral que se inicia, para que cada cual elija libremente en la Asamblea lo que considere más oportuno para el futuro de la cooperativa.

Ramón Bonilla

Escrito por en 08/05/2014. Archivado en Cartas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.