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53 Caracolá Lebrijana: Imposición del Caracol de Oro a Concha Vargas


En la imagen, el cantante Pitingo, en un momento de su actuación en la 53 Caracolá Lebrijana. Foto: Vicente Pachón.

Llegaba la esperada noche de la entrega del Caracol de Oro. A esta velada asistieron para acompañar a Concha Vargas, la homenajeada, Samuel Serrano, Rancapino Chico, Pitingo e Isabel Bayón con su baile.

Texto: Alejandra Pachón. Fotos: Vicente Pachón

Tuve la ocasión de ver, hace bastante tiempo, a Samuel Serrano en La Trilla, Peña Flamenca de Trebujena. Por aquel entonces, el cantaor era un niño tímido que, cuando empezaba a cantar, dejaba a todos boquiabiertos… Pero no dejaba de ser un cantaor de corta edad con poca experiencia.

Su aparición en la Caracolá Lebrijana me dejó sorprendida, pues en mi retina había quedado grabada la imagen del niño que cantaba en la peña trebujenera.

Esta vez, Samuel, acompañado de Niño de Pura a la guitarra, desprendía seguridad, energía, pasión e ilusión por los poros de los cantes que nos regalaba ya que, tal y como quiso hacernos llegar, él siempre había visto la Caracolá en la televisión y soñaba con poder participar algún día.

El joven cantaor acababa con desparpajo y firmeza, sin micrófono y por fandangos. “Al uno”, le decía lleno de felicidad al guitarrista. Enhorabuena, Samuel, por saber hacernos llegar la pasión con la que vives el flamenco y, por supuesto, por haber cumplido uno de tus sueños.

Era el turno de Rancapino Chico. Manuel Martín, crítico flamenco y presentador del festival, nos hacía partícipes de los entrañables recuerdos que tenía del cantaor, aquel niño que participaba en Veo Veo y no alcanzaba a poner los pies en el suelo cuando se sentaba para cantar. Alonso Núñez comenzaba con una soleá “para templarse”, como él decía, acompañado de Antonio Higuero a la guitarra.

Como afirmaba Manuel Martín, el hijo de Rancapino tiene el don de pellizcar, con su duende, donde no todos lo consiguen y así nos lo demostró en su cante por alegrías que, si ya de por sí era mágico, el elenco que lo acompañaba lo hacía brillante: Antonio Higuero y Paco León a la guitarra y Manuel Cantarote, Rubichi y Luis Monte a las palmas.

La actuación de Rancapino Hijo fue única y muy especial. Tanto es así que, para terminar, nos quiso deleitar, acompañado del también cantaor Caracolillo de Cádiz, con un cante dedicado a Juan Peña “El Lebrijano”. Un poco cortado, explicó que era una letra que no había tenido tiempo de ensayar pero que ejecutó con el temple, el esmero y el celo al que nos tiene acostumbrados.

A continuación, aparecía en el escenario, un hombre con mucha elegancia y buen humor.

Pitingo se define a él mismo como mestizo y fronterizo. Afirma que tiene mucho que agradecerle a la música afroamericana ya que le ha abierto muchas puertas. Además, la música le ha servido como instrumento para hacer llegar el flamenco a los más jóvenes, siempre a su manera puesto que, como él dice, “no existe el flamenco sin libertad”.

Antonio se atrevió por martinetes y granaínas, dando un toque de soul muy personal que obligaba al público, acostumbrado a lo jondo, a abrir el corazón y la mente y disfrutar de varios cantes con matices muy personales, ese que diferencia a Pitingo del resto de los artistas. Sin lugar a dudas, él es la viva imagen de su propia afirmación: “No existe el flamenco sin libertad”.

Para acabar esta noche tan mágica y completa, no podía faltar la pincelada de Isabel Bayón. Isabel sale al escenario acompañada de David Lago y el Londro al cante y Jesús Torres al toque.

Con una bata de cola color coral y lunares bordados, ameniza la velada por cantiñas, con el baile suave, templado y elegante, casi perfecto, al que nos tiene acostumbrados.

Entre todos formaban un equipo sólido y completo que se dejaba entrever en cada palma del compás por martinetes que perseguía a la bailaora para terminar por abandolaos.

Por tanto, a la infinidad de características que ligábamos anteriormente a su baile, se podría añadir la sobriedad, el gusto y la compenetración que iba in crescendo hasta el final del espectáculo, al punto de sumar aún más perfección. Y se podría decir más, no sólo sumaba perfección a su baile, sino que fue el colofón ideal para cerrar esta noche tan especial.

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Escrito por en 31/07/2018. Archivado en Flamenco. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.