Si hay algo que define al gobierno del PP en la Comunidad de Madrid es la dejación de
funciones en cuestiones que son de su única y exclusiva competencia. Ayuso y compañía tiene la sanidad en situación crítica y la educación pública sigue perdiendo recursos en beneficio de la privada y la concertada. Las urgencias siguen abriendo sin médicos y más de un millón de personas están en lista de espera para ser operadas. El profesorado se ha echado a la calle para reivindicar los horarios lectivos previos a la pandemia, tal y como han hecho el resto de comunidades autónomas, y las aulas de los centros siguen sin climatizar porque la derecha prefiere mirar a otro lado y buscar culpables donde no los hay.

Esta realidad generalizada en toda la Comunidad de Madrid se materializa también en Rivas, donde la sanidad pública tiene encendidas todas las alarmas y donde la educación pública sigue en estado de emergencia. Esta afirmación no se reduce a un eslogan clásico de la izquierda, como gusta decir a los portavoces del PP, sino que tiene ejemplos palmarios en nuestro día a día.

Ejemplo en sanidad: donde Rivas, una ciudad con más de 100.000 habitantes ve día a día cómo sus centros de salud están saturados, cómo el único servicio de urgencias abre demasiadas veces con el cartel de “No hay médico” o cómo sigue sin contar con el necesario cuarto centro de salud. Un cuarto centro de salud que ha sido prometido en más de una ocasión por parte del gobierno de la Comunidad de Madrid, normalmente coincidente con un proceso electoral, pero que nunca ha llegado y que, además, el Gobierno del PP ha votado de forma reiterada en contra de las enmiendas del Grupo Parlamentario Socialista a los Presupuestos Regionales para su construcción.

ecientemente, hemos vuelto a conocer noticias al respecto, en esta ocasión la consejera Fátima Matute ha anunciado que se licitará en 2025. Enésima promesa en torno a esta infraestructura. Su última apuesta fue que las obras comenzarían en 2025, ojalá sea así,
pero para ello mucho deben correr para cumplir con los plazos y dejar de lado el sesgo político que suele aplicar el PP en estos procesos y en el reparto de los presupuestos, que suelen castigar a los municipios en función de lo que votan. Ojalá nos equivoquemos.

Ejemplo en la educación pública: a los barracones que aún existen o a los centros educativos inacabados se suma ahora la situación que atraviesa el CEIP Dulce Chacón, donde la Consejería de Educación ha decidido eliminar un aula para el alumnado de 3 años de educación infantil y sumar una nueva para el alumnado de 2º de Primaria, con lo que eso supone para un centro que no puede estirar ya más sus espacios.

Esta realidad es nuestro día a día en Rivas y, entre tanto, el Gobierno de la Comunidad de
Madrid desatiende sus competencias y sigue en su estrategia de desmantelamiento de
servicios públicos que son esenciales para el desarrollo en igualdad y en libertad de la
ciudadanía, independientemente de sus recursos económicos.

En lo que sí anda más presto el Gobierno regional del PP es en meterle presión a la máquina del fango, en elevar hasta lo insoportable el tono de los insultos contra el presidente del Gobierno y en colocar medallas (tan vanas como ilegítimas) a personajes como el presidente argentino Javier Milei, a los que tanto admira la presidenta Ayuso, hasta el punto de ponerle la alfombra roja para que venga a insultar a España y a sus  instituciones y a soltar argumentos tan falaces como peligrosos.

Y entre insulto e insulto, entre bronca y bronca, la casa de la sanidad y de la educación, sin
barrer.