Esta frase que según Fernando de los Ríos le dijo Lenin durante una de sus conversaciones, era repetitiva en la España de la dictadura franquista para demostrarnos que en el comunismo no había libertad y, claro, en nuestra España, por contrapunto, la libertad era absoluta en todos los aspectos de la vida…

Esta frase me ha venido a la memoria después de ver la manifestación en la calle Núñez de Balboa; las personas manifestantes pedían Libertad y yo me pregunto y les pregunto: libertad ¿para qué? Por las declaraciones que hacían a los periodistas que les preguntaban, sus explicaciones eran diversas: una señora negaba que hubiera esta pandemia, ¡era un invento del gobierno! (lo mismo que la crisis anterior era sólo de España y por la ineptitud de Zapatero), otra, porque ¡es que no está abierto ni El Corte Inglés!. En días posteriores se ha visto a un individuo, en Santander, montado en un descapotable con chofer, con bandera de España y megáfono en mano pidiendo dimisión del gobierno; en fin, personas con profundas reflexiones y serias necesidades.

Indudablemente, no creo que el concepto de libertad sea el mismo para esas personas que para el común de los mortales. Efectivamente, con un mundo dominado por una pandemia  mortal, hay que preguntarse, ¿libertad para contagiar el virus? ¿Tan insensibles son que no les preocupa los cientos de miles de muertos en todo el mundo y por eso salen a la calle sin respetar las normas sanitarias? Claro que, con la manipulación del lenguaje podríamos decir, al igual que en sus guerras: los muertos son daños colaterales; en Estados Unidos es la población negra e hispana, en España somos las personas mayores que nos han confinado en residencias sin ningún tipo de preparación para casos como este y, me atrevería a decir que ni tan siquiera para una gripe.

El dicho “de aquellos polvos, estos lodos” hoy se aplica perfectamente a esta situación.  Creo recordar la contestación que la Comunidad de Madrid dio a nuestro Ayuntamiento cuando les cedieron un terreno, para que construyeran una Residencia Pública: ese no es nuestro modelo de atención a los mayores (parafraseo la respuesta). Ahí sigue ese terreno, vacío, mirando a la residencia privada que están construyendo a doscientos metros.

El movimiento feminista reivindica, desde hace mucho tiempo, que al igual que ya está asentada la idea, en la población, que los colegios han de estar cerca de los domicilios o
residencia de los progenitores, las residencias de los mayores deberían de estar cerca de  sus hijos e hijas que podrían visitarlos a diario y no estarían lejos con dificultades para realizar esas visitas. Y todo ello con un coste elevado para la mayoría de la población.

Nos han dejado en manos de multinacionales que solo buscan su beneficio económico, carentes de personal, y medios. Pero… ¡somos daños colaterales! Volviendo a la Libertad ¿para qué? ¿Para crear puestos de trabajo dignos con salarios dignos? O ¿para seguir explotando a sus asalariados y asalariadas? Da igual, ellos y ellas somos daños colaterales; mejor para ellos, así no se podrán cruzar con nosotros en los campos de golf, en Soto Grande, Marbella, etc.

Libertad ¿para qué? ¿Para luchar por una Sanidad Pública de calidad, con los y las profesionales adecuados, el número de camas suficientes y cumpliendo unos ratios marcados por la OMS? Recordemos que nadie salió a la calle con cacerolas protestando cuando se cerraban hospitales públicos y miles de camas, cuando se echaba personal a la calle, cuando se privatizaban servicios, ¡Ah! Se me olvidaba, en el nuevo lenguaje no se privatiza, se externaliza.

Tampoco oí caceroladas cuando se aumentaba la ratio en las escuelas e institutos, ni cuando se aumentaban las tasas de las universidades. Tampoco cuando se daba la explotación de las escuelas infantiles a personajes de la hostelería con quien se compartía palco en el estadio del Real Madrid. Ni cuando se aumentan los presupuestos para las escuelas privadas, -la mayoría de órdenes religiosas- detrayéndolo de las escuelas públicas.

También el lenguaje: libertad de elección de los padres. Eso es lo que defienden. También nuestros niños y niñas, nuestro futuro, son daños colaterales. Libertad ¿para qué? Para que los presupuestos para investigación sean una vergüenza y para que nuestros jóvenes con sus títulos estén trabajando en otros países en empleos muy por debajo de sus cualificaciones. Siguen aplicando la frase de Unamuno: “¡qué inventen ellos!”.

Tampoco estaban en la calle con sus cacerolas para reivindicar que las instituciones de investigación recibieran los recursos adecuados. Estos jóvenes y nuestro futuro científico y tecnológico, son daños colaterales.

Libertad ¿para qué? Para que los bancos devuelvan lo que ya les prestamos en la crisis anterior y que, pese a tener beneficios no nos han devuelto.

Libertad ¿para qué? ¿Para que ciertos medios de comunicación, propiedad de la clase dominante, sigan intoxicando la realidad y sembrando bulos? Hay muchos discípulos de
Goebbels en ellos.

Libertad ¿para qué? ¿Para seguir desahuciando? Tampoco hubo caceroladas cuando las
viviendas de la EMV, pagadas con el dinero de todos y todas se les dieron, por unas  cantidades irrisorias, a los fondos buitres.

Libertad ¿para qué? Para no poner palos en las ruedas de estos momentos; es el momento de aumentar la solidaridad que es necesaria cuando no hay justicia para todos.

Libertad ¿para qué? ¿Para ir en contra de lo público pero para refugiarse en él cuando vienen mal dadas?

Deberíamos preguntarnos también Libertad ¿para quién? (para que grupo social o para que
clase social). Al preguntarnos Libertad ¿para qué? Deberíamos preguntarnos ¿para qué
finalidad? El concepto de libertad individualista, basada en el libre albedrío, no se debe aplicar porque vivimos en sociedad y lo que provoca es desigualdades entre todos nosotros y nosotras, lo que es contraria a la definición de democracia. Libertad e igualdad  verdaderas serán aquellas en las que las decisiones se tomen en aras del bien común, que hagan imposible enriquecerse a costa de otros, donde lo público esté por encima de los intereses privados.