En estos tiempos en los que parece que, por fin, saldremos de esta pesadilla que supone la pandemia COVID19; tiempos en los que quien más o quien menos pensamos lo que supondría poder viajar y hacemos listas mentales de los lugares que nos gustaría visitar: ¿Iremos al lugar de “siempre” que ya no nos da apenas sorpresas, pero si tranquilidad? o ¿Iremos a algún lugar nuevo y, para documentarnos, compraremos alguna guía, algún libro de viajes?

Pues bien, hoy traemos aquí el primer libro español de viajes que fue escrito por la primera escritora española de nombre conocido: EGERIA que, nada más y nada menos vivió del siglo IV al V. El viaje lo realizó entre los años 381 y 384. ¿A qué parece mentira?

En el siglo IV viajar por el mundo no era cosa sencilla, de todos los días. Las dificultades del transporte y el tiempo que llevaba recorrer unos pocos kilómetros lo convertían en una actividad destinada únicamente a personas de espíritu viajero, o aquellas que viajaban por necesidad. Egeria lo hizo pues, al parecer, no era una mujer común ni en su tiempo y casi en casi todos los tiempos pretéritos. Si impresionante es la ruta que recorrió: de Galicia a Tierra Santa, todavía llama más la atención que lo hiciera una mujer, monja (salvando las distancias de lo que hoy podemos considerar monja) y en pleno siglo IV.

Aunque con escasos datos biográficos y ninguno autobiográfico, se supone que era originaria de la provincia romana hispana de Gallaecia, aunque algunos autores han propuesto la posibilidad de que fuera de la zona de El Bierzo. Perteneció a un rango social elevado, algunos especialistas aseguran que procedía de la familia del emperador Teodosio I (emperador romano de origen hispano), pues disponía de los suficientes bienes como para llevar a cabo un viaje de tal envergadura.

Viajaba con salvoconducto cosa difícil de conseguir en aquellos tiempos y, además, contaba con escolta para  cubrir los lugares peligrosos. En una de sus cartas escrita en Arabia comenta a sus hermanas: «A partir de este punto despachamos a los soldados que nos habían brindado protección en nombre de la autoridad romana mientras nos estuvimos moviendo por parajes peligrosos. Pero ahora se trataba de la vía pública de Egipto, que atravesaba la ciudad de Arabia, y que va desde la Tebaida hasta Pelusio, por lo que no era necesario ya incomodar a los soldados.»

Tenía conocimientos de griego, literatura y geografía, en su escrito así se revela aunque empleaba un latín un tanto elemental y tosco, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de una época en que no “era bueno ser cultos” y menos para las mujeres (recordemos lo que le pasó a Hipatia (370-415) la filósofa neoplatónica y matemática muerta a manos de los fanáticos católicos de Alejandría).

Sorprende, no solo por el periplo que realizó en puertas de la crisis del Imperio Romano -aunque todavía bajo la Pax Romana-, sino también por el hecho de que lo dejara por escrito con ánimo erudito, literario y edificante. Egeria plasmó todo lo vivido en un libro Itinerarium ad Loca Sancta, descubierto en 1884 por Gian Francesco Gamurrini en la Biblioteca de la Cofradía de Santa María de Laicos en Arezzo (La Toscana, Italia). El hallazgo, era un códice en pergamino de 37 folios, en letra del siglo XI, dividido en dos partes; se atribuyó el relato a Silvia de Aquitania, de quien se conocía una peregrinación similar. Y así se creyó durante más de 20 años, hasta que en 1903, Mario Ferotín publicó un estudio atribuyendo la autoría del libro a la virgen española Egeria, ayudándose de una carta de San Valerio a los monjes del Bierzo donde hablaba de esta monja y su viaje, coincidente punto por punto con el del códice de Arezzo.

Es un diario redactado desde la piedad religiosa, fueron razones puramente religiosas las que la animaron a realizar tamaño viaje, deseaba conocer y venerar los lugares santificados por Cristo, por el Antiguo Testamento, por los apóstoles y mártires. Sentía que su deseo de viajar a Tierra Santa era un don de Dios “Nuestro Dios Jesús, que no abandona a aquellos que esperan en él, se ha dignado permitirme la realización de este deseo”.

El libro que escribe es de género epistolar, escribe a unas lejanas <<señoras y hermanas>>  que se encuentran en su patria lejana y a las que espera volver a ver a su regreso. No está completo ya que le falta texto al comienzo y al final del mismo; ahora bien, se puede decir que consta de dos partes: la primera, es una especie de diario donde narra el viaje y comienza cuando Egeria está a punto de subir al monte Sinaí, tras haber visitado Jerusalén, Belén, Galilea y Hebrón, la segunda parte es una descripción detallada de la liturgia en Jerusalén.

Pese a recorrer países casi cerrados, dio detallada descripción de lugares, personas, curiosidades y costumbres. Sus cartas nos dan una buena idea de cómo era el Oriente del siglo IV y cómo se podía viajar en esa época, desplazándose por las múltiples calzadas, lo que entonces se llamaba cursus publicus, es decir las vías que seguían las legiones; pernoctando en las ventas, mansiones, casas de posta que marcaban las etapas del viaje, o acudiendo a la hospitalidad de los monasterios. Lo que está claro es que era una persona ávida de ver y aprender, viajaba llevando sus libros, cuando llegaba a los lugares santos hacía que se leyera el pasaje correspondiente (del ejemplar que llevaba consigo)  donde se hablara del lugar visitado.

Aunque el viaje tenía una finalidad religiosa, ella hace gala de ser una viajera de “raza” y no se avergüenza en preguntar y averiguar todo lo posible sobre los lugares que visita e, incluso, se saltaba la ruta y se aventuraba por nuevos sitios que conocer. Egeria se confiesa <<un tanto curiosa>> y, por ello, quiere verlo todo, no le importa que suponga más jornadas de viaje (no parece ser que fueran muy cómodas en aquella época). Debió de ser una mujer fuerte y valiente pues el viaje tenía durísimas etapas a lomos de caballería, barco, muchas veces a pie, subiendo escarpadas montañas…

La parte que falta se puede llegar a “reconstruir” a partir de las infraestructuras viales existentes en aquella época, de la carta de Valerio donde hace mención de Egeria, del anuncio que hace de los lugares que va a visitar y que hace en la parte final del texto que se conserva. Así podemos saber que recorrió desde Hispania, la parte sur de la Galia y norte de Italia, cruzó el Adriático para llegar a Costantinopla y de ahí a Jerusalén, el monte Sinaí, Egipto, Mesopotamia, Antioquia, y regresó a Costantinopla, probablemente por la misma vía que a la ida: Cilicia (Tarso), Capadocia, Bitinia y Calcedonia. En Seleuciade Isauria, (a tres jornadas de Tarso) se encuentra con su amiga, la diaconisa Marthana…ya hablaré de ella en otra ocasión.

Espero que os cuidéis, ¡ya falta poco.!