Mujeres singulares, en plural: Hildergard Von Bingen

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HILDEGARD VON BINGEN (1098 – 1179)

El pasado día 11 de febrero, se ha conmemorado el Día de las Mujeres Científicas; como siempre, ha pasado sin pena ni gloria. Desde estas líneas justo es acordarnos de, al menos, una de ella (no será la única, pues pretendo continuar con la larga lista de mujeres que han contribuido a ensanchar el mundo de la ciencia y, por lo tanto, a nuestro mundo.

Una abadesa del siglo XII: Hildegard von Bingen aportó, en el siglo XII una importante obra científica: médica, física y botánica donde hizo una descripción de las plantas que nombró en latín e incipiente alemán de gran utilidad en la actualidad. Escribió libros de historia natural y medicina: Physica o Libro de las medicinas simples, Causae et curae o Libro de las medicinas compuestas. En el primero de ellos que es, tanto una obra sobre la naturaleza como un recetario médico, exponía Hildegard el estudio de las sustancias curativas simples: plantas, sustancias animales y minerales. El segundo de ellos lo dedica a la descripción de las enfermedades, su etiología, síntomas y el modo de tratarlas a través de sustancias curativas compuestas.

Pero además esta monja, visionaria, compositora de música,… de acuerdo a Peter Dronke <<sólo Avicena se le puede comparar en cierto modo: cosmología, ética, medicina y poesía mística…En épocas más recientes, tal vez sea Goethe…quién haya demostrado una mayor afinidad con la combinación de impulsos poéticos, científicos y místicos, la libertad de imaginación y de pensamiento que caracterizaron a Hildegard>>

Novecientos años nos separan de Hildegard von Bingen y su mundo, pero aún hoy podemos acceder a ella a través de sus palabras en sus múltiples escritos, de su música y de las miniaturas sobre sus visiones (dirigidas por ella). Ya en su época fue objeto de gran atención e interés; a su propia autobiografía: Vita, se suman los datos biográficos que recogieron los que la rodearon; a los pocos años de su muerte, en la década de los ochenta del siglo XII, se elaboró la primera biografía.

Según la misma Hildegard, desde la niñez tenía visiones que no manifestó hasta los cuarenta y dos años: <<A los tres años vi una luz tal, que mi alma tembló, pero debido a mi niñez nada pude proferir acerca de esto. A los ocho años fui ofrecida a Dios para la vida espiritual y hasta los quince vi mucho y explicaba algo de un modo muy simple… >>

Se la ordenó escribir las visiones pero, “es sólo una mujer” ¿Quién era ella para escribir? “pobre forma femenina” con escaso conocimiento de las letras, así, se le asignó un secretario que recogía toda su obra. Esta mujer curaba, con la imposición de manos, a los enfermos que acudían de todas partes

Recibió abundantes peticiones de consejo, y lo prestó voluntariamente en numerosas ocasiones a los dirigentes religiosos y laicos de su época; entre otros: tres papas, tres reyes, Leonor de Aquitania, la emperatriz de Bizancio…

Realizaba viajes de predicación, algo insólito para una mujer en la religión católica a no ser porque era época de “neutralizar” a los cátaros… Pronunciaba sermones ante monjes en conventos, obispos y clérigos en sínodos, además de a laicos en las ciudades. Asumió, casi sin oposición, muchas de las funciones sacerdotales de la Iglesia.

Escapó al control masculino fundando un nuevo monasterio, pese a la fuerte oposición de los monjes que se quedaron con las dotes de Hildegard y de las 18 monjas que la siguieron ya que, con ellas, se iba una importante fuente de financiación.

Ella y sus monjas, pese a las privaciones iniciales, sacaron adelante el nuevo monasterio en donde la liturgia tenía mucho que ver con el arte. De hecho, ante el interdicto que la prohíbe la música hace un alegato que es una teología de la música y del arte y de su función intelectiva. [Se puede encontrar grabaciones de su música en la actualidad].

No quiero terminar este esbozo sobre Hildegard de Bingen sin hacer mención a la Lingua Ignota que fue una lengua descrita por ella, quien aparentemente la empleaba con fines místicos. Para escribirla, empleaba un alfabeto de 23 letras, las litterae ignotae. El propósito por el que creó este lenguaje sigue siendo desconocido, pero parece ser la primera lengua inventada de la Historia y que sobrevivió en dos manuscritos.

En todos los aspectos de la actividad y de la obra de Hildegard von Bingen, se percibe el inconfundible modo femenino de pensar, de escribir, de actuar, de vivir: en una palabra, de ser. Logrando la aceptación, el respeto y la veneración de Papas, reyes, nobleza, jerarquía eclesiástica y religiosa, intelectuales, médicos, pueblo, etc. Aceptaron  admiraron su ciencia, respetaron su presencia, veneraron sus virtudes.