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DE SEPIA Y ORO. Compañía Andrés Peña y Pilar Ogalla.


Se ha celebrado en el Baluarte de la Candelaria (Cádiz) este espectáculo que fue premio del público del XX Festival de Jerez. Por medio de la expresión de dos cuerpos versátiles que salían a escena, Andrés y Pilar se presentaban a los asistentes con su cuadro flamenco fundiéndose en una cálida pose ante lo que iba a ser una gran velada.

Pilar Ogalla, que abría el espectáculo con un baile muy gaditano, movía la bata de cola con tal desparpajo que parecía derramarla por el jardín. Entonces, a compás de un silencio por alegrías, salió Andrés Peña con un traje que parecía haber sido recortado, en ese mismo momento, del atuendo que la bailaora portaba con elegancia.

Para volver a la calma entre brisa y brisa gaditana, uno de los cantaores da paso, por medio de su sentida interpretación a una elegante farruca que destaca por el sumo cuidado mostrado en el vestuario. Por ello no hay que pasar por alto la perfecta coordinación entre los dos, que parecía que surgía de manera espontánea, unida al sumo cuidado de la línea de sus brazos, hasta conseguir que pareciera que uno era la sombra del otro.

Estos artistas han creado un auténtico espectáculo en el que constantemente se desprende expresividad, sentimiento e ilusión por transmitirnos el tesón con el que se ha construido cada cimiento del mismo, en el que cada miembro aporta su granito de arena. Y así, sabiendo los dos bailaores el desparpajo que caracteriza a sus dos cantaoras, quieren hacer también testigo al público, lanzándolas a las tablas del escenario a interpretar con gesto ampuloso que acompañaban, de vez en cuando, con unas pinceladas de garbo y descaro, unos tanguillos de Cádiz a los que Pilar pone la guinda, adornándose con un sombrero cordobés y obsequiándoles con femeninos y distinguidos movimientos. Así funde los tanguillos con una guajira que nos traslada al famoso malecón cubano. Quizás solo nos faltó el detalle de ” comprar un papelón de esos que llaman diario” pero entonces no podríamos presumir de haber visto la inmaculada actuación de la bailaora gaditana.

En el ecuador del evento ya podíamos darnos cuenta de que la dinámica del mismo consiste en enlazar el final de la actuación de uno con el comienzo de la del siguiente. De la misma manera que hemos destacado la feminidad de Pilar, la masculinidad de Andrés queda patente.. Pero aporta otros rasgos a su baile que deja al descubierto en los tientos que decora con sus movimientos, mostrando la perfección de su técnica, gracias a las líneas de sus brazos y las cuidadas poses con las que nos hace transportarnos ante un cuadro torero de Julio Romero de Torres. Además el bailaor nos deleita con un baile que armoniza con mucha sensibilidad con la guitarra de Rafael Rodriguez, armonía más impresionante aún, cuando aúnan en la escobilla el ritmo de su zapateado y el poderoso rasgueo de la guitarra flamenca.

Así, el frenesí que les arranca esta bonita profesión a todo el elenco, lo dejaron plasmado al compás de unas bulerías muy gitanas con las que lograron tocar nuestro corazón flamenco que ellos saben que es la mejor manera que tenemos de comunicarnos y entendernos.

Escrito por en 14/08/2017. Archivado en Flamenco. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.