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El fin de una época y el comienzo de una incógnita


José Masa, durante su comparecencia, el lunes 12 de mayo de 2014, explicando los motivos de su dimisión como alcalde de Rivas (Foto: Rivas Actual)

José Masa, durante su comparecencia, el lunes 12 de mayo de 2014, explicando los motivos de su dimisión como alcalde de Rivas (Foto: Rivas Actual)

La dimisión del hasta hoy alcalde de Rivas, José Masa, puede suponer el comienzo del final de una crisis que ha mantenido al Ayuntamiento de Rivas en vilo durante un año, aunque se hubiese larvado mucho antes. Masa, regidor de la ciudad durante las tres últimas legislaturas, cierra con su renuncia un ciclo largo que sobrepasa, incluso, sus sucesivos mandatos y que se extiende hasta las legislaturas en que su compañero de fatigas, Fausto Fernández Díaz, fue, a su vez, alcalde de la ciudad.

Se trata de un ciclo que coincide casi exactamente con los tiempos de bonanza económica en un país en que la construcción ha sido el principal y casi único motor de la economía española y que ha generado, al tiempo que la riqueza de muchos, también una de las principales lacras de la sociedad: la corrupción generalizada y desaforada. En ese contexto fue que Rivas pasó de ser un desconocido pueblecito de apenas 2.000 almas a principios de los años 90, a una ciudad de 82.000 habitantes que está definitivamente “puesta en el mapa”.

El tándem formado por Fausto Fernández y José Masa, con la participación también significativa de otros nombres de Izquierda Unida, como José Ramón Martínez Perea o Raúl Sánchez, tomaron en 1992 el mando de una formación política que había tenido mucho peso desde hacía tiempo en el municipio, pero que había sufrido una crisis interna de impacto. La crisis se saldó con el apartamiento del hasta entonces alcalde de IU, Eduardo Díaz Montes, y de su brevísima sucesora, Candela Cajas, y la elección de Antonio Serrano quien, tras una sola legislatura, dio paso a Fausto Fernández como Alcalde. Corría el año 1995 y ahí puede fecharse el comienzo de ese ciclo largo al que nos referíamos.

El ciclo, marcado por una fuerte actividad de planeamiento urbano, se caracterizó por varias líneas maestras que confluían en hacer de Rivas un municipio con un avanzado perfil ecologista y tecnológico, con alto nivel de servicios de todo tipo (aunque principalmente educativos y deportivos) y con una combinación de políticas de salvaguardia de las principales señas de identidad de la izquierda, junto a una alta flexibilidad en las negociaciones con aquellas empresas que se convirtieron casi en socios del Ayuntamiento en el planeamiento y la construcción de lo que después ha sido el desarrollo urbano de Rivas.

Con Izquierda Unida al mando en el gobierno municipal ininterrumpidamente desde 1991, la ciudad se ha convertido en un referente español en lo que a adopción de políticas de defensa del medio ambiente se refiere, pero también en su conversión en una ciudad tecnológicamente avanzada y en una referencia en la defensa de las libertades, la memoria histórica y la gestión pública.

Sin embargo, inevitablemente, en un proceso tan rápido de crecimiento en todos los sentidos, las contradicciones no han podido por menos de irse agudizando en el seno de Izquierda Unida y del conjunto del municipio. Si bien se acumulaban premios a la sostenibilidad y reconocimientos nacionales e internacionales a la labor del Ayuntamiento en defensa del medio ambiente, también llovían las críticas cuando se impulsaba una nueva tecnología que debe plasmarse en la construcción de una planta de tratamiento de residuos que las organizaciones ecologistas han visto con desconfianza. Si bien se hacía un encendido y constante discurso en defensa de lo público, aparecían críticas por la transmisión de la gestión de importantes recursos municipales, como centros educativos, instalaciones de servicios de salud, o empresa municipal de la vivienda, a manos privadas.

Estas contradicciones, que, hay que repetirlo, también han atravesado a la propia Izquierda Unida de Rivas, cristalizaron en 2012, con el acceso de una nueva generación de militantes al control de la organización. Si bien entre aquellos que eligieron al actual coordinador local, Pedro del Cura, prefiriéndolo a los ya clásicos José Masa o Fausto Fernández, había una nutrida representación de miembros con solera del anterior grupo directivo de IU, lo cierto es que quienes han acaparado los puestos de mayor responsabilidad han sido personas con una acusada diferencia generacional. Nombres como el propio Pedro del Cura, Curro García Corrales o Tania Sánchez (alejada ahora institucionalmente de Rivas, pero muy presente en la “pelea” interna), junto a otros muchos de segunda línea, se corresponden con el perfil de jóvenes no nacidos en Rivas, pero sí llegados a muy corta edad al municipio, que se han criado en él y que han vivido con plena consciencia la etapa de crecimiento y conversión del pueblo en ciudad.

Esta generación, que no se limita a los afiliados a Izquierda Unida, se identifica en gran medida con Rivas y con la imagen que la ciudad ha logrado transmitir en las últimas dos décadas. Una imagen alejada del rancio conservadurismo que ha ido colonizando la cultura política y social española, y también una imagen de modernidad cultural y tecnológica. Evidentemente, no es ajeno a ese perfil el hecho de que Rivas se haya convertido, al calor de su enorme crecimiento urbano, en una de las diez ciudades más ricas de España. Tanto dinero recaudado en concepto de licencias urbanísticas y otros impuestos relacionados, ha dado para, entre otras cosas, dotar a las y los jóvenes de un nivel de servicios (empezando por el principal de todos ellos: la vivienda asequible) que facilita en gran medida la identificación con la ciudad y la consideración de la misma como un buen sitio para vivir.

En 2012 se materializó la ruptura entre la nueva y la vieja Izquierda Unida de Rivas. Los epítetos no deben ocultar, sin embargo, que hasta poco antes la “nueva” IU había hecho honor al nombre de la formación y había estado sumamente unida a los dirigentes históricos de la misma. Las discrepancias sobre qué política hacer y cómo hacerla habían comenzado a manifestarse cuando tocó elaborar la lista de candidatos a las elecciones municipales de 2011. Seguramente las expectativas de varios representantes de esa nueva generación de militantes y dirigentes jóvenes de IU Rivas se vieron frustradas cuando comprobaron que en lugar de ocupar en la lista las posiciones más relevantes, liderando así una renovación ampliamente sentida como necesaria desde hacía tiempo, se veían relegados a puestos de segundo orden, copando de nuevo los puestos más importantes los representantes de la generación anterior, encabezados por Masa y Fernández.

Pero también es cierto que en su práctica cotidiana y en las posturas que había estado manteniendo al interior de IU esta nueva generación, hacía tiempo que se dejaba ver una orientación política divergente. El matiz, que era lo que en la mayoría de los casos aparecía como visible, consistía en ver las cosas más en consonancia con el perfil mayoritario de la juventud políticamente activa de Rivas. Un perfil algo más radical y que optaba por una defensa de la aplicación de las señas de identidad de la izquierda con menos flexibilidad en lo que concierne a la ‘negociación’ de las mismas con las fuerzas económicas del municipio.

Esa ruptura, materializada en septiembre de 2012 con la elección de Pedro del Cura como coordinador general de IU Rivas (en oposición, por primera vez, a la candidatura de José Masa), fue el pistoletazo de salida para una guerra que hasta entonces había quedado reducida a los despachos, pero que a partir de ese momento se rodeó de toda la liturgia de la confrontación y hasta de la escisión virtual de una parte de la organización. Ya en aquella asamblea en que fue elegido Del Cura se había podido ver claramente el alejamiento radical entre los partidarios de José Masa y Fausto Fernández, por un lado, y los de Pedro Del Cura, Tania Sánchez y Curro García Corrales, por otro. La alianza entre estos últimos y el PCE de Rivas, que contribuyó notoriamente a su victoria, no fue, precisamente, un elemento suavizador de tensiones, sino todo lo contrario.

El desencuentro entre los dos sectores de IU Rivas no ha hecho, desde entonces, más que crecer, y la brecha entre ellos no ha hecho más que ampliarse. Cuando, a principios de 2013, la Cámara de Cuentas de Madrid elaboraba la investigación de las cuentas municipales, estaba encendiendo la mecha de una bomba que, finalmente, aunque con mecha lenta, ha ido acumulando fuerza explosiva. La deflagración ha tenido lugar hoy, con la dimisión de José Masa, pero la última chispa de la mecha terminó de arder el pasado jueves, 8 de mayo, cuando el todavía Alcalde convocaba para el día siguiente, en contra de su Grupo Municipal, en contra de la mayoría de su partido a nivel local y en contra de la nueva mayoría de Izquierda Unida Comunidad de Madrid (IU-CM), un Pleno Extraordinario para la aprobación de un préstamo hipotecario de 1,1 millones de euros, destinado a cubrir las necesidades de funcionamiento de la Empresa Municipal de la Vivienda. Ese jueves había tenido lugar también una reunión largo tiempo pospuesta, en la que se había aprobado, por el voto de calidad del Alcalde, el Plan de Actuaciones e Inversiones Financieras (PAIF) de la EMV, denostado por la mayoría de IU Rivas por “no dar respuesta a las necesidades reales” de la empresa pública y por “obviar el cumplimiento de cuestiones esenciales en su funcionamiento” pactadas con anterioridad entre ambas partes de IU.

La aprobación forzada del PAIF y la inmediata aprobación también del préstamo hipotecario, en ambos casos apoyándose en la oposición en contra de su grupo municipal, llevó a la nueva dirección de IU-CM a considerar traspasadas todas las líneas rojas que le habían marcado a Masa en aras de poder desactivar la crisis interna de Rivas por la vía de la negociación y el acuerdo. El resultado: un mensaje de que ya no contaba con apoyos en la dirección regional y, consecuentemente, que su posición era ya indefendible a nivel de IU. Ésta es, según ha declarado el propio Masa en la comparecencia explicando su dimisión, la causa de una renuncia que pone coto al desgaste que probablemente, de mantenerse en el cargo, se habría visto obligado a asumir Masa, así como los concejales que le han apoyado en toda la crisis.

Pero si esta dimisión puede marcar el comienzo del fin de la inestabilidad institucional (así lo ha manifestado Masa), también marca el inicio de una incógnita. IU Rivas se ha partido en dos y, aunque las dos partes tienen muy diferente peso en número de militantes, el encono con que se ha desarrollado la crisis ha sido extremo. Militantes de la organización que se conocen casi de toda la vida, apenas si se saludan hoy por la calle. No sería exagerado decir que muchos miembros del sector que ha apoyado a Masa, podrían estar dispuestos a no votar a IU en unas elecciones municipales, si IU sigue estando controlada por la actual dirección.

En el plano institucional, la incógnita se centra, en primer lugar, en la decisión que puedan tomar los cuatro concejales del grupo de Masa que no han presentado dimisión alguna. Fausto Fernández deberá, en su calidad de Primer Teniente de Alcalde, asumir el cargo de Alcalde en funciones, pero en su caso la incógnita proviene del hecho de no conocerse cuál será su decisión una vez pasado el plazo de interinidad, cuando se consiga llevar a Pleno la elección de un nuevo regidor. Lo mismo puede decirse de Marcos Sanz, Luz Matas y Yaiza García, esta última extrañamente alejada del primer plano del desarrollo de la crisis, tras haber sido considerada en los últimos tiempos como la “delfín” del tándem Masa-Fernández.

El horizonte, por lo tanto, perfila una incógnita derivada de la actitud que adoptarán Fausto Fernández, Luz Matas, Marcos Sanz y Yaiza García. Si en un plazo corto de tiempo deciden dimitir también y devolver sus actas de concejal, Izquierda Unida cubrirá sus puestos con los siguientes de la lista que salió elegida en las municipales de mayo de 2011. Entre los nombres que componen esa lista habrá afiliados proclives al sector de la mayoría de IU Rivas, y otros afines al grupo de Masa y Fernández, pero se antoja improbable que estos últimos fuesen a aceptar asumir un cargo de concejal cuando sus jefes de filas habían renunciado a él. Lo más lógico es pensar que todos los sustitutos que cubriera los puestos perteneciesen a la mayoría de la organización.

Si esta hipótesis se cumple en todos su aspectos, IU volería a hacerse con una mayoría absoluta que durante un año sólo lo ha sido sobre el papel, pero que no ha funcionado en la práctica. De lo contrario, el futuro del Gobierno municipal probablemente seguiría siendo incierto. Sería, entonces, momento de reconocer que habría terminado una época, pero no una crisis.

Escrito por en 12/05/2014. Archivado en 0Destacadas,Editorial,En Rivas,Local. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.