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“ER CANTE NO CABE EN ER PAPÉ”


“ESTIVAL FLAMENCO”.  Baluarte de la Candelaria (Cádiz).

Así podríamos titular el tiempo flamenco que se vivió el último jueves de julio de 2017. Fue un recital de cante con tres aristas que apuntalan este arte y que evidencian que está vivo con sus inquietudes, sus dudas y sus realidades. 

El flamenco es un conjunto de culturas colectivas cuya intersección minoritaria se desgrana por los rincones de España y la humanidad. Y que se encuentra “en la sirena del océano”, como llamó Lord Byron a Cádiz, con los duendes. En ese marco fuimos testigos de una noche mágica donde los nuevos organizadores han entendido que el flamenco no es compatible con la restauración. No se puede escuchar una Soleá mientras que tu vecino está trasegando unos chopitos o un albur marinado regado con un vino fino o acompañado del ruido de hielos que menea un tinto de verano. Ole por descartar las mesas de comandas.

Vamos al cante. Abrió camino una María Terremoto con todo el eco de su estirpe detrás, con el aire de Jerez meciendo sus cantes que abordó en principio desde la Soleá por Bulerias. Sus cantes los acomete suspendida en su exultante juventud. Con mucha garra pero con la soltura que dan sus años, no exenta por ello de responsabilidad. El Nono Jero con su sonanta la entiende y le da sosiego en la aventura de enfrentarse a un público que va a buscar estirpe , que va a buscar comparanzas, con el desequilibrio que eso puede crear a la artista. Siguió con Tientos Tangos más forasteros, fandangos naturales y bulerías donde ahí sí pudo recordar al abuelo. Y la pataita para cerrar su momento. Larga vida.

Sin tiempo para apagar los cigarretes, apareció en escena una volcánica Tremendita. Entró pisando fuerte sin zapatos. Mi madre cuando estaba un poco fastidiailla decía:”Estoy en la gloria pero con zapatos”. Pues Rosario se sintió en la gloria y además sin zapatos. Y aquí podríamos decir lo que quisiéramos de la valentía de su arte que no le iba a agredir lo más mínimo porque lo tiene muy claro. Para ella el flamenco es evolución y evolución brinda. Esta gitana con toda su trianeria detrás, es capaz de abordar cantes libres  como los de compás. De hecho lo que hizo por Soleá, quebró emociones. Esta mujer es una ejecutante que acude a los adentros del flamenco y recrea estados emocionales. Y yo ví como mujeres de ochenta años sarandongueaban su cuerpo al compás de la guitarra eléctrica y música electrónica. Ahí quedó.

Cerrando terna y con aires mediterráneos, apareció Mayte Martín, se ubicó en la silla, tomó distancia y templó los cantes. Y si queríamos caldo, granaina y media de Chacón. Toma del frasco….Y a la guitarra, Salvador Gutiérrez. Se puso pesaica (con razón) con los ajustes de sonido, reber, etc. Pero con salero que para eso estaba en la tierra. Y se metió por peteneras, fandangos naturales y con bastante criterio, por cantiñas. Estaba a gusto y trató al cante como el público quería, afinando como un artesano. Y con Compromiso (y sin firmar un documento) iniciamos retorno a casa entendiendo que la candela para el otoño/invierno estará encendida. Porque hay leña.

Texto: Alejandra Pachón.
Fotos: Vicente Pachón.

 

Escrito por en 31/07/2017. Archivado en Flamenco. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.