Las mujeres avanzamos con paso firme, también en el deporte

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Vanessa Millán

Cuando una camina por la redacción de Marca, el deporte se transforma en algo físico, palpable. Aparece en cada documento sobre cada mesa, cada conversación, cada programa puesto en cada televisión de la redacción. Pero poco sobrecoge más que los 79 cuadros que decoran las paredes con los premiados del prestigioso galardón Marca Leyenda. Un compendio de los mejores deportistas del siglo XX y XXI, desde que lo recogiera por primera vez Michael Jordan en 1997. Casi 80 galardones de los mejores atletas de todos los tiempos… pero sólo seis de ellas son mujeres.

Que únicamente Nadia Comaneci, Arantxa Sánchez Vicario, Martina Navratilova, Edurne Pasabán, Teresa Perales y Ruth Beitia sean las mujeres que aparezcan en esta pared legendaria dice mucho del papel que el deporte femenino ha jugado en nuestra sociedad hasta hace pocos años. Relegado del debate público salvo por notables excepciones, apenas los éxitos de Sánchez Vicario o de la recientemente fallecida Blanca Fernández Ochoa conseguían reunir a un buen puñado de espectadores frente al televisor.

Pero esto está cambiando en los últimos años. En los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, la mayoría de las medallas españolas fueron conseguidas por mujeres. En lo que va de siglo, los triunfos de Mireia Belmonte, de Carolina Marín, de los equipos de natación sincronizada y gimnasia rítmica, de Conchita Martínez, Vivi Ruano, de Garbiñe Muguruza, los éxitos de las ‘Guerreras’ del balonmano y de las chicas del baloncesto (a muchas de las cuales pudimos disfrutar en el único equipo ripense de élite en este deporte, Rivas Ecópolis), o las victorias de Lidia Valentín y de Maialen Chourraut nos han puesto en pie en todo el país, dando el reconocimiento que se merece a nuestro deporte femenino.

Sin embargo, aún estamos muy lejos del objetivo. Según datos del Consejo Superior de Deportes, de los casi 4 millones de deportistas federados en España, apenas un 23% eran mujeres, sin alcanzar aún las 900.000 licencias federativas. Además, entre los 4.962 deportistas con la consideración de Alto Nivel, sólo el 37,2% eran mujeres, una diferencia porcentual que se viene manteniendo prácticamente invariable en los últimos años.

El número de federadas sólo supera al de hombres en un puñado de disciplinas (Baile deportivo, gimnasia, hípica, patinaje y voleibol), mientras que hay más de 15 federaciones en las que las mujeres representamos menos del 10% de las licencias. Destaca especialmente por su extensión el caso del fútbol, donde el número de licencias masculinas roza el millón frente a las 65.000 femeninas.

En este sentido, se ha dado un paso adelante con la reciente firma del convenio del fútbol femenino. El incremento del salario mínimo por convenio mejora las condiciones laborales del 40% de las jugadoras de la Primera División femenina (Liga Iberdrola), al tiempo que se permite a las jugadoras renovar por un mínimo de un año tras quedarse embarazadas, atajando las habituales rescisiones de contrato que daban al traste con la carrera deportiva de muchas jugadoras simplemente por el hecho de querer ser madres. Pese a todo, cabe recordar que sólo afecta a las jugadoras del primer nivel de competición, dejando desamparadas al resto -salvo la excepción de algunas jugadoras de los filiales.

Es un paso, pero sólo uno de los muchos que quedan por dar. Es el momento de invertir en el deporte femenino para que a nivel de élite siga dando los triunfos de los últimos años, y para que a nivel de base se expanda. Sólo así podrá llegar la necesaria equiparación salarial, la igualdad en la cobertura informativa y el verdadero entendimiento del deporte como dinamizador de la sociedad y herramienta de salud pública. Porque, no lo olvidemos, el esfuerzo y los valores que implica el deporte no atiende a cuestiones de género, y el 8 de Marzo es una estupenda oportunidad para reivindicarlo.