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Pepe “El Boleco”, aquella u otra forma de cantar.


Texto y fotos de Vicente Pachón.

Querido Boleco:    

Creo no me conocerás de nada porque apenas si me conocen en el bloque. Pero a veces hago fotillos de artistas flamencos. Eso sí, donde me van dejando porque esto se está teatralizando mucho. Empieza a parecerse más a Washington que a tu pueblo, La Puebla de Cazalla.

A veces también escribo por compromiso con la vida, no para ningún medio…bueno, para ninguno o uno, no me acuerdo bien. Y lo que es peor, sin criterio.

Hoy me place escribirte o escribir de tí,  porque quizás nunca leas mis palabras. Yo venía de tu comunidad andaluza, de un pueblo de Cádiz, Trebujena, un día 15 de abril de compartir con amigos un tiempo de evocación de libertad y llegué expresamente para escucharte en La Libre de barrio, benditos lugares, ¡Templos de pensamiento y cultura!… Y en ese lugar pequeñito reuniste a buenos aficionados que te lanzaron oles sentíos. 

Cuando se hizo el silencio, avanzaste desde el fondo de la sala con una figura casi evocación del Cachorro, algo encogío de cuerpo y te reafirmaste en medio del escenario dispuesto a fijar, templar y mandar.

Yo no sé cómo ellos si tu cante “sabe” a Chocolate o te produce “Agujetas”. Estremece por momentos, pero tampoco echaremos las piernas por alto que todo llegará. Viéndote sentado en esa silla de anea si te pareces físicamente a Chocolate. Y también a toda una estirpe de cantaores comprometidos con el arte que han cantado en alguna cueva del Albaicín o en La Soleá de Madrid o en el Candela de antaño. 

Yo de conocimiento de cante ando justo, de seres humanos algo más. Y a tí se te hinchaba la vena yugular y bandeabas con compás las manos, por cierto bonitas y fotogénicas. En tu mirada inquieta de joven hay un eco de vivencias, quizás tantas como en los hombres y mujeres de más edad que vienen de un silencio doliente. Da la sensación que la vida te haya enseñado a defenderte y atacas con el cante y sus profundas raíces. Y meces los labios de orilla a orilla de un quejío. Son tus manos entonces las que te vienen avisando del compás que unas veces se coge y otras se va. Como el dinero.

Querido Pepe: It don,t come easy. Era una canción de Ringo Starr que se traduce más o menos: “Sabes que no viene fácil”. Yo te lo digo desde estas letras que pretenden llegar a tí. Nos hace falta arte como el tuyo, que sepa a madera de barrica de roble. Pero la barrica se cuida y trata con esmero. No tengas prisa. Paladea.

Y no olvides jamás lo que cantas en el fandangazo (expresión que escuché a Pepe Briones): “Diciendo que era mi amigo/ abusaba de mi amistad/ nunca andó con la verdad/ yo prefiero al enemigo cuando la cara me da/. (sic). 

Un abrazo y nos vemos por los caminos.

Escrito por en 17/04/2018. Archivado en Flamenco. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.