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El auditorio Pilar Bardem revive con ‘Reikiavik’ de Juan Mayorga el duelo de ajedrez entre Fischer y Spassky de 1972


REIKIAVIK (5)

César Sarachu y Daniel Albadalejo, Fischer y Spassky, Bailén y Waterloo. La inteligente dualidad de Juan Mayorga en Reikiavik’. (Fotografía: Kike Ayala)

Dos hombres unidos y separados por un tablero. Dos personajes con nombre de batalla (Bailén y Waterloo). Y el match del siglo: la partida de ajedrez entre el ruso Boris Spassky y el estadounidense Bobby Fischer en Reikiavik (Islandia) en 1972, en plena Guerra Fría. Con esos elementos, el director Juan Mayorga teje una historia que esta tarde se ha podido ver en un auditorio Pilar Bardem de Rivas repleto, una vez más, de público ávido por ver un espectáculo inteligente. 

Dos personajes de ficción, Bailén y Waterloo, interpretados por César Sarachu y Daniel Albadalejo, recrean aquellas jugadas ante la expectación de un muchacho encarnado por Elena Rayos. Sobre el escenario, tres actores pero muchos personajes que cobran vida para transmitir episodios históricos y personales que rodearon al duelo, elevado a batalla política de aquel mundo polarizado.

Reikiavik es una obra sobre el ajedrez, ese arte que, como la vida misma, consiste en memoria e imaginación. También es una obra sobre la Guerra Fría. Y es, ante todo, una obra sobre hombres que viven las vidas de otros.

Bailén y Waterloo están unidos y separados por un tablero. Pero ellos no juegan al ajedrez, juegan a Reikiavik. Juegan a ser Bobby Fischer, Boris Spasski, el árbitro alemán, el guardaespaldas islandés, la madre de Bobby, la segunda esposa de Boris, las novias que Bobby no tuvo, cien niños despidiendo a Boris puño en alto en el aeropuerto de Moscú, Henry Kissinger, el fantasma de Stalin, el Soviet Supremo, el caballo negro amenazando al alfil blanco, los padres ausentes, los campeones muertos… No es la primera vez que hacen algo así, pero sí la primera vez que lo hacen ante un tercero: un muchacho extraviado. Y nunca lo habían hecho con tanta pasión. Porque hoy buscan no sólo comprender qué sucedió realmente en Reikiavik, qué estaba realmente en juego en Reikiavik. Hoy, Waterloo y Bailén buscan un heredero.

Escrito por en 27/02/2016. Archivado en 0Destacadas,0Ultimas. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.