El pasado 23 de mayo se celebró en el recinto ferial Miguel Ríos el Festival Sahara Libre. Hubo música, gastronomía, información, historia… todo lo que ayuda a recordar la situación de un pueblo, el saharaui, olvidado por el Estado pero recordado por el pueblo español. El Festival reflejó, además, la labor de una asociación, Rivas Sahel, que con 30 años a sus espaldas cumple en Rivas un papel clave en la actividad solidaria con el Sahara.

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Todas las fotos del festival: Paco Rodríguez / Rivas Actual

Existen territorios atrapados en la historia y pueblos condenados a esperar. El Sáhara Occidental es uno de ellos. Durante casi medio siglo, la causa saharahui ha permanecido como una de las grandes heridas abiertas de la política exterior española. Lo que hasta 1975 se conocía como la “provincia 53” de España quedó atrapada en un limbo jurídico y político tras los Acuerdos de Madrid, firmados en los últimos días del franquismo, cuando el Estado español abandonó el territorio sin culminar el proceso de descolonización ni garantizar un referéndum de autodeterminación para el pueblo saharaui. Desde entonces, Marruecos ejerce el control sobre gran parte del territorio mientras la reivindicación independentista saharaui continúa viva, coincidiendo además este año con el 50 aniversario de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por el Frente Polisario en 1976.

Dirigentes saharauis proclaman , ante los medios internacionales, la creación de la República Árabe Saharaui Democrática, el 27 de febrero de 1976

Desde entonces, el Sáhara ha sobrevivido suspendido entre la geopolítica y la resistencia popular. Mientras los gobiernos españoles navegaban durante décadas entre la prudencia diplomática y la presión marroquí, miles de familias saharauis construían su vida en los campamentos de refugiados de Tinduf con el apoyo constante de una red solidaria repartida por toda España. También en Rivas, donde el vínculo con la causa saharaui lleva más de 25 años formando parte del tejido social de la ciudad gracias al trabajo de la Asociación Rivas Sahel, empeñados en que una de las historias más largas e incómodas de la política exterior española no caiga en el olvido.

El Festival, un espejo de la acción solidaria de Rivas Sahel

La entidad desarrolla sus proyectos con el respaldo del Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, uno de los consistorios con una de las políticas de apoyo al Sáhara más activas y consolidadas de España. Este compromiso institucional se traduce en una cooperación estable con Rivas Sahel y otras iniciativas vinculadas a los campamentos de refugiados de Tinduf. Entre los proyectos más destacados figuran el envío de ayuda humanitaria y vehículos solidarios, como el 4×4 Solidario, programas educativos como Aulas 3.0 o la participación continuada en Vacaciones en Paz, a través del cual decenas de menores saharauis son acogidos cada verano por familias ripenses y reciben atención médica, actividades y apoyo social durante su estancia.

Sin embargo, el centro de toda esta acción reside en el Festival de Música Rivas Sahel, que se celebró el pasado sábado 23 de mayo en el Auditorio Miguel Ríos. El recinto se convirtió simbólicamente en la “sexta wilaya” de los campamentos saharauis con motivo del 50º aniversario de la RASD, en una jornada que combinó música, gastronomía y reivindicación política en torno a la causa saharaui. El evento reunió a más de 30 artistas, contó con una comida solidaria impulsada por el chef Carlos Maldonado y destinó toda la recaudación a proyectos humanitarios en los campamentos de refugiados de Tinduf.

Cartel Festival Sahara Libre 2026

Para Jose Miguel Martínez, presidente de la Asociación, el festival «es un espacio de encuentro, compromiso y convivencia» que ha ido adaptándose a través de los años para poder llegar a «públicos, cada vez, más distintos». El principal reto al que se enfrentan es la necesidad de garantizar el «relevo generacional» y conseguir que los más jóvenes conozcan la causa saharaui, además de encontrar nuevas familias de acogida para el programa Vacaciones en Paz. “El conflicto saharaui lleva años enquistado y silenciado, y cada vez cuesta más mantener la atención mediática y social”, reconoce.

Jose Miguel destaca que gran parte de la «fuerza» que mantiene viva la organización nace del vínculo construido durante décadas entre familias ripenses y saharauis, una relación que se ha convertido en un compromiso político y humano sostenido en el tiempo. “Lo que reclamamos es justicia: que el pueblo saharaui pueda recuperar su tierra y vivir en un Sáhara libre, con derechos y oportunidades”, concluye.

José e Inma

El origen de Rivas Sahel

Tal y como recuerda Inmaculada Lahoz, una de las personas vinculadas a los orígenes de Rivas Sahel, el vínculo entre Rivas y el pueblo saharaui comenzó en 1996 a través del programa Vacaciones en Paz. Aquel año, varios voluntarios del Aula de Solidaridad de la Universidad Popular de Rivas viajaron por primera vez a los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf. “Todas las personas que pasan por los campamentos acaban sensibilizándose ante el abandono del pueblo saharaui por parte del Estado español”, recuerda Lahoz, que también participó en aquel viaje vinculada entonces a Médicos del Mundo y a un proyecto oftalmológico en el hospital de Rabuni.

Tras regresar a Rivas, y con el apoyo de asociaciones de otros municipios como Coslada, comenzaron a movilizar familias para acoger a niños y niñas saharauis durante el verano y alejarlos temporalmente de las extremas condiciones climáticas de «la hamada» (desierto) argelina. Aquella primera experiencia terminó convirtiéndose meses después en el nacimiento de Rivas Sahel. Lahoz destaca que la entidad ha crecido gracias al esfuerzo constante de generaciones de voluntarios y al compromiso de vecinos que han mantenido viva la solidaridad con el pueblo saharaui incluso en los momentos de menor atención mediática. “Aquí estaremos hasta que el pueblo saharaui nos diga que ya no nos necesita”, resume.

Del refugio al futuro: la historia de una joven saharahui

Una de las carpas colocadas durante el Festival Sahara Libre

Tekber (prefiere mantener su apellido e imagen en el anonimato) nació en los campamentos de refugiados de Tinduf y llegó por primera vez a España siendo una niña gracias al programa Vacaciones en Paz de Rivas Sahel. Recuerda aquella llegada marcada por “el asombro y la felicidad ante cosas muy pequeñas y cotidianas”, descubriendo una realidad completamente distinta a la de las jaimas y las limitaciones materiales de su tierra.

Continuó vinculada a Rivas porque cuando tenía 12 años, a través del Proyecto Madrasa (con el cual chicos y chicas saharauis cursan sus estudios en Rivas y pueden labrarse un futuro a partir de ello; también lo promueve Rivas Sahel), pudo cursar sus estudios en España y regresar al Sáhara durante los veranos. Aquella experiencia la obligó a madurar demasiado pronto: “Volver era un baño de realidad”, explica. Ese tránsito constante entre ambos mundos marcó su adolescencia y terminó moldeando su identidad. “Vivía entre la abundancia material de España y la resiliencia humana de Tinduf”, resume. Porque los campamentos “no son solo polvo y escasez, son también una enorme lección de vida donde todo se comparte y el tiempo tiene otro ritmo”.

La gran encrucijada llegó al cumplir la mayoría de edad: sus raíces o su futuro. Finalmente decidió quedarse en España para continuar estudiando y darse una oportunidad, ya que cree firmemente en que la educación es “la herramienta más poderosa para cambiar las cosas”. Hoy trabaja en una consultoría internacional y atribuye buena parte de las oportunidades que ha tenido al apoyo recibido durante años por parte de las familias ripenses y de Rivas Sahel, a quienes agradece enormemente la «vida» que le han permitido vivir. «Me siento una ripense más», explica.

Para Tekber, la causa saharahui sigue siendo “una herida abierta” y defiende que el pueblo saharaui debe poder decidir libremente su futuro mediante un referéndum de autodeterminación. Critica además el respaldo del Gobierno español al plan de autonomía marroquí, que supuso un «golpe duro» a los saharahuis y que «contradice» la responsabilidad histórica y jurídica que España mantiene sobre el territorio ante Naciones Unidas.

“Los saharauis no buscamos caridad, sino una oportunidad legítima de futuro”, concluye. “La ayuda humanitaria es solo un parche. La solución real y definitiva debe ser política”.