Desde entonces, el Sáhara ha sobrevivido suspendido entre la geopolítica y la resistencia popular. Mientras los gobiernos españoles navegaban durante décadas entre la prudencia diplomática y la presión marroquí, miles de familias saharauis construían su vida en los campamentos de refugiados de Tinduf con el apoyo constante de una red solidaria repartida por toda España. También en Rivas, donde el vínculo con la causa saharaui lleva más de 25 años formando parte del tejido social de la ciudad gracias al trabajo de la Asociación Rivas Sahel, empeñados en que una de las historias más largas e incómodas de la política exterior española no caiga en el olvido.
Tekber (prefiere mantener su apellido e imagen en el anonimato) nació en los campamentos de refugiados de Tinduf y llegó por primera vez a España siendo una niña gracias al programa Vacaciones en Paz de Rivas Sahel. Recuerda aquella llegada marcada por “el asombro y la felicidad ante cosas muy pequeñas y cotidianas”, descubriendo una realidad completamente distinta a la de las jaimas y las limitaciones materiales de su tierra.
Continuó vinculada a Rivas porque cuando tenía 12 años, a través del Proyecto Madrasa (con el cual chicos y chicas saharauis cursan sus estudios en Rivas y pueden labrarse un futuro a partir de ello; también lo promueve Rivas Sahel), pudo cursar sus estudios en España y regresar al Sáhara durante los veranos. Aquella experiencia la obligó a madurar demasiado pronto: “Volver era un baño de realidad”, explica. Ese tránsito constante entre ambos mundos marcó su adolescencia y terminó moldeando su identidad. “Vivía entre la abundancia material de España y la resiliencia humana de Tinduf”, resume. Porque los campamentos “no son solo polvo y escasez, son también una enorme lección de vida donde todo se comparte y el tiempo tiene otro ritmo”.
La gran encrucijada llegó al cumplir la mayoría de edad: sus raíces o su futuro. Finalmente decidió quedarse en España para continuar estudiando y darse una oportunidad, ya que cree firmemente en que la educación es “la herramienta más poderosa para cambiar las cosas”. Hoy trabaja en una consultoría internacional y atribuye buena parte de las oportunidades que ha tenido al apoyo recibido durante años por parte de las familias ripenses y de Rivas Sahel, a quienes agradece enormemente la «vida» que le han permitido vivir. «Me siento una ripense más», explica.
Para Tekber, la causa saharahui sigue siendo “una herida abierta” y defiende que el pueblo saharaui debe poder decidir libremente su futuro mediante un referéndum de autodeterminación. Critica además el respaldo del Gobierno español al plan de autonomía marroquí, que supuso un «golpe duro» a los saharahuis y que «contradice» la responsabilidad histórica y jurídica que España mantiene sobre el territorio ante Naciones Unidas.
“Los saharauis no buscamos caridad, sino una oportunidad legítima de futuro”, concluye. “La ayuda humanitaria es solo un parche. La solución real y definitiva debe ser política”.