La guerra de Irán, impulsada por el narcisismo de Donald Trump, está provocando  importantes consecuencias en todas las economías del mundo. El precio de los  combustibles y de la energía han disparado los índices de inflación en todo el planeta, también en España. El Gobierno de España ha puesto en marcha políticas de energía sostenible que han situado a nuestro país a la vanguardia de la lucha contra el cambio climático y ha vuelto a aprobar un escudo social para aliviar la situación de las familias y las empresas, pero también existen políticas que a largo plazo pueden abordar incluso situaciones de pobreza energética entre la ciudadanía más vulnerable.

Esas políticas son también factibles desde el ámbito municipal y Rivas Vaciamadrid es buen ejemplo de ello. La apuesta del Gobierno municipal por las energías renovables está siendo útil a la hora de proteger el bolsillo de la ciudadanía. Son muchos los proyectos de este calado que se vienen aplicando en Rivas desde hace años, desde la bonificación del IBI en las viviendas que instalan placas de energía fotovoltaica, a la compraventa de energía en el mercado directo, sin pasar por el regulado, por parte del propio ayuntamiento, sistemas de energía alternativa en la práctica totalidad de los servicios públicos.

Y es que las renovables no son únicamente una respuesta frente al cambio climático: son también seguridad energética, estabilidad económica y menor dependencia exterior. Ahí situamos realidades que ya funcionan en Rivas, como la comunidad energética de la Pablo Iglesias o la que se está tejiendo en todo el ámbito municipal. La transición energética no es ya una cuestión de futuro, sino que se ha convertido en una política que protege a la ciudadanía.

En ese ámbito, en el de la protección, Rivas ha demostrado que las políticas de transición energética son una extraordinaria herramienta para las políticas sociales. No solo somos una ciudad que produce energía limpia, sino que apostamos por que los beneficios que esta produce lleguen a las familias con más dificultades. En ese sentido, el Ayuntamiento de Rivas trabaja en un programa de lucha contra la pobreza energética por el que se destina la energía fotovoltaica que resulta sobrante de la que producen las instalaciones municipales a los hogares en situación de vulnerabilidad. Se trata de reducir así su factura de la electricidad y no de concederles una ayuda económica que puede resultar puntual a la hora de pagar una factura. En todo caso, este innovador programa para el uso de la energía renovable se suma a otro tipo de ayudas y políticas públicas, como el bono social o las ayudas de pago de suministros.

En definitiva, hablamos de utilizar un recurso público para conseguir una reducción más estable y preventiva del gasto energético. Desde el PSOE lo tenemos claro y seguiremos ahondando en este proyecto durante la próxima legislatura: el uso de la energía renovable como herramienta contra la desigualdad.

La transición energética no consiste solo en cambiar de dónde obtenemos la energía, sino de ponerla al servicio de la sociedad.