El programa, impulsado por Rivas Sahel y el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, ha permitido que 13 menores de entre 10 y 12 años hayan pasado el verano con familias de la ciudad, participado en actividades y recibido revisiones médicas, mientras la asociación reclama nuevas familias de acogida para recuperar las cifras anteriores a la pandemia.
Rivas ha despedido este lunes a los 13 niños y niñas saharauis que han pasado los dos últimos meses en la ciudad gracias al programa Vacaciones en Paz, una iniciativa que cada verano permite que menores procedentes de los campamentos de población refugiada saharaui de Tinduf salgan temporalmente de su entorno habitual para convivir con familias de acogida durante las vacaciones.
El acto de despedida, organizado por Rivas Sahel junto al Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, reunió a las familias de acogida, los menores participantes, representantes municipales, miembros de la asociación y representantes de los distintos grupos políticos de la ciudad. Tras dos meses de convivencia, los niños y niñas regresarán a los campamentos, poniendo fin a una estancia que combina el descanso y las actividades de ocio con revisiones médicas y la creación de vínculos que, en muchos casos, permanecen durante años.

Los menores tienen mayoritariamente entre 11 y 12 años, aunque también hay algunos de alrededor de 10. Su llegada se produjo a finales de junio y su regreso está previsto para los días 25 y 26 de agosto, completando aproximadamente dos meses de estancia en España.
Vacaciones en Paz, mucho más que un verano

Entre las historias que explican el significado del programa está la de Inés, una de las madres de acogida que lleva participando en el programa desde 2012. Su relación con Rivas Sahel comenzó precisamente a través de Rivas Actual, cuando la revista todavía se distribuía en papel en los hogares de la ciudad.
“Siempre hemos sido muy sensibles a la lucha del pueblo saharaui”, explica Inés, que junto a su mujer decidió ponerse en contacto con la asociación después de encontrar su teléfono en aquella publicación. Desde entonces, su familia ha acogido durante diferentes etapas a varios niños y niñas de los campos de refugiados de Tinduf. El funcionamiento del programa establece un compromiso de tres años con la misma criatura, una fórmula pensada para garantizar estabilidad a los menores y evitar que cada verano tengan que adaptarse a una familia diferente.
Este año, la familia de Inés ha acogido a una niña saharaui de 11 años, que ha convivido durante el verano con sus dos hijas, de edades similares, quienes la han integrado como “una hermana más”. Inés destaca especialmente el «conformismo» con la que la pequeña afronta el día a día: “Le viene bien todo. No tiene ninguna exigencia”, explica. Una actitud que, según señala, también ha servido para que sus propias hijas aprendan a valorar de otra manera lo que tienen y a comprender cómo se vive cuando los recursos son mucho más limitados.
“Nosotras no hemos hecho nada, ella es la que nos hace sentir especiales. Te hacen ver el mundo de otra manera, valorar todo lo que tienes”, señala. Frente a la abundancia cotidiana, recuerda, la niña disfruta de cuestiones tan sencillas como ir a la playa, sentir la lluvia o notar el viento.
El vínculo tampoco desaparece cuando termina el verano. Durante el resto del año mantienen llamadas y videollamadas, comparten cómo es su vida y continúan formando parte de la vida de la familia.
Revisiones médicas y actividades durante la estancia

La estancia de los menores no se limita al ocio. Como parte del programa, una de las primeras actuaciones al llegar a España son las revisiones médicas en el Hospital del Sureste, además de controles odontológicos y oftalmológicos.
En Rivas, los niños y niñas han contado con la colaboración de una clínica dental local y de profesionales y establecimientos vinculados al programa de revisión visual. En aquellos casos en los que se ha detectado la necesidad de utilizar gafas, estas han sido proporcionadas de manera gratuita.
Durante estos dos meses también han participado en diferentes actividades y encuentros colectivos. Las familias han podido compartir jornadas en un albergue, donde los menores han convivido entre ellos, además de realizar actividades de ocio como una fiesta de espuma o la visita al Museo del Real Madrid en el Bernabéu.
Rivas Sahel busca nuevas familias de acogida

Precisamente uno de los principales retos que deja esta edición es el descenso del número de familias participantes. Antes de la pandemia, Rivas llegó a acoger alrededor de 35 niños y niñas saharauis, mientras que este verano han sido 13.
La asociación considera prioritario trabajar durante los próximos meses para incorporar nuevas familias de acogida y evitar que la cifra continúe reduciéndose. Además, varios de los menores que han participado este año se encuentran en su último ciclo de tres años, por lo que será necesario incorporar nuevas familias para garantizar la continuidad del programa.
Desde Rivas Sahel animan a las familias que han vivido la experiencia a compartirla en su entorno cotidiano para que otras personas conozcan el programa y se animen a participar. La propia alcaldesa de Rivas, Aída Castillejo, incidió durante el acto en esta necesidad y pidió a las familias que cuenten lo vivido “en cualquier sitio”, desde la cola del supermercado hasta la entrada o salida de los colegios, porque es precisamente en esos espacios cotidianos donde, según señaló, pueden surgir nuevas redes de solidaridad.
Con el regreso a Tinduf termina el verano, pero no necesariamente la historia que comenzó en Rivas. Las familias despiden estos días a unos niños y niñas que durante dos meses han formado parte de su día a día y que ahora regresan a casa con nuevas experiencias y recuerdos compartidos. Una despedida que, después de tantos años de programa, vuelve a recordar que Vacaciones en Paz no solo consiste en acoger durante el verano, sino en crear vínculos que pueden permanecer casi «para toda la vida».




























