Un año más conmemoramos el Día Internacional de las Mujeres y, un año más tendremos
que saltar obstáculos para poder hacer oír nuestra voz con nuestras reivindicaciones. Las que somos mayores, recordaremos cuantos y cuantos años nuestras manifestaciones pasaban casi “sin pena ni gloria”. Gracias al Me Too saltaron a “primera” página de todos los medios de comunicación y sólo las que celebrábamos aquí sino todas aquellas que se extendían por todo el mundo.

Parece que el Sistema Patriarcal y capitalista empezó a preocuparse por las repercusiones
que estaban teniendo las multitudinarias manifestaciones; así pues, empezó a  contratacando con bulos, y mensajes en las redes sociales que quién sabe quién los había escrito y con qué autoridad intelectual y experiencia. El año pasado 2020, nos culparon en España de ser las únicas causantes de que la pandemia nos alcanzara y que causara un tremendo impacto en nuestra sociedad; claro está que no se habló de los otros actos y actividades que se celebraron ese mismo día.

Por supuesto que no han profundizado sobre que el impacto que tuvo y tiene en nuestro
sistema sanitario: no era ni más ni menos que el que se podía esperar después de que llevaban más de una década deteriorando el sistema público de salud; así incrementaban sus beneficios en el área privada pues han convertido algo que tiene que ser para toda la sociedad en negocio de unos pocos.

Este año 2021, nuestro “corazón” se divide en continuar saliendo a la calles (con todas las
precauciones) o guardar el confinamiento debido. Por supuesto las voces más a favor de que nos olvidemos del 8M son las de siempre, no recuerdan, porque no estaban, cuando se coreaba en todas las manifestaciones: “¿Dónde están? No se ven a las chicas del PP”.

Tratan de dividirnos, no lo conseguirán, llevamos más de dos siglos con nuestra lucha y
seguiremos con ella. Aunque no se pueda o no se deba salir a la calle como siempre, Ahí
estaremos en espíritu.

En estas líneas trataré de aclarar algunos mitos que sobre el 8 de marzo circulan desde
hace años. Según la profesora de la Universidad de Oviedo Ana Isabel Álvarez González, en su libro: “Los orígenes y la celebración del Día Internacional de la Mujer, 1910-1945”; un estudio bien documentado que invito a leer, explica entre otras cosas lo siguiente: El Día Internacional de la Mujer fue propuesto por Clara Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910.

El antecedente de la celebración del 8 de marzo fue la celebración, por parte del Partido Socialista Americano, del Woman’s Day el último domingo de febrero desde el año 1909, día dedicado exclusivamente a reivindicar los derechos de las mujeres, entre los cuales, el más importante era el derecho al sufragio.

La fecha corresponde al motín iniciado por las obreras rusas el 23 de febrero (8 de marzo en el calendario ruso) en Petrogrado, que supondría la puesta en marcha del proceso revolucionario.

Estos acontecimientos son importantes, no sólo porque dieron origen a la revolución y porque fueron protagonizados por mujeres, sino porque, según todo parece apuntar, esos sucesos fueron los que hicieron que el Día Internacional de la Mujer se pasara a celebrar, sin más cambios hasta la actualidad, el 8 de marzo. (El calendario de Rusia es el juliano mientras que nosotras utilizamos el gregoriano, de ahí la diferencia de fechas).

Al día siguiente, el número de mujeres en la calle llegó a ser de más de 190.000 y se
manifestaban coreando las proclamas de «¡Pan! ¡Nuestros hijos se están muriendo de hambre!» y desde el puente sobre el rio Neva lanzaban contra la policía pedazos de hielo y piedras. Pero ni los soldados ni los cosacos estaban dispuestos a cargar contra las mujeres; quienes los invitaban a abandonar las armas y unirse a ellas.

El 10 de marzo era ya general, el día 12 los revolucionarios constituyeron el Soviet (o
Consejo de Obreros) de Petrogrado que se convertiría en el centro administrativo del
levantamiento obrero. Dos días después se creó un Gobierno Provisional y el día 17, con el
ejército del lado de los revolucionarios, el zar Nicolás II dimitió y Rusia se convirtió en una
república.

El tema a discernir es si ese día estaban celebrando el Día Internacional de la Mujer y
coincidió con el inicio de la revolución Rusa o si se celebra el Día el 8 de marzo porque en esa fecha se inició la Revolución. Alejandra Kollontai dice: El Día de las Mujeres de 1917 se ha convertido en memorable para la historia. En ese día, las mujeres rusas encendieron la antorcha de la revolución proletaria e incendiaron todo el mundo. La revolución de febrero se inició desde ese día.

En el cuarto de siglo que precedió a la I Guerra Mundial, se desarrolló por toda Europa un
poderoso movimiento obrero apoyado por los sindicatos y por los partidos socialistas. El partido socialdemócrata de Alemania era el más involucrado en la lucha de las mujeres adoptando, desde el principio, las posiciones más avanzadas sobre el sufragio femenino sin ningún tipo de discriminación y por la participación de aquéllas en la vida política del país. En 1914 tenía alrededor de 170.000 afiliadas.

Las mujeres del partido pretendían alcanzar:
– El derecho al voto necesario para que pudieran defender sus intereses.
– El acceso a la educación, como mecanismo por el que desarrollarían sus habilidades y
ampliarían sus oportunidades de trabajo.
– Un sistema educativo basado en la coeducación, para eliminar los recelos y
concepciones erróneas que tenía un sexo del otro.
– Reforma legal que facilitase la obtención del divorcio.
– El reconocimiento del derecho de las mujeres a limitar el tamaño de su familia como su
más inherente derecho personal.
– Socialización de las tareas domésticas a través de servicios como lavanderías,
comedores, guarderías, etc.

Muchos de los hombres del partido socialdemócrata alemán seguían creyendo que las
mujeres seguían siendo intelectual y socialmente, inferiores y que su lugar estaba en el hogar al cuidado de su familia.

Una vez establecido el origen del 8 de marzo, solo cabe aclarar lo que se dice de la huelga y el incendio de la fábrica de ropa para mujeres en Nueva York.

¿Qué ha hecho que este incendio alcance la categoría de mito?

En primer lugar, la forma tan horrible de la muerte de esa mujeres la mayoría chicas de entre 16 y 25 años, inmigrantes. Pero, sobre todo, porque fueron las protagonistas de una huelga que duró 13 semanas, un año antes del incendio, resistiendo ante un frente unido de empresarios, jueces, abogados, y policías.

Era la huelga más importante que hasta la fecha había implicado exclusivamente a mujeres
obreras. (No fue la primera pues ya en 1824 en Rhode Island tuvo lugar la primera huelga de trabajadoras en demanda de ascenso de salarios y de la reducción de la jornada laboral y aunque pronto se les unieron los compañeros varones, ellas continuaron organizando sus mítines y reuniones de manera separada).

Así pues, esta huelga de 1909 fue también una respuesta a quienes sostenían que las mujeres eran incapaces de organizarse y que, por tanto, el movimiento obrero no podía
contar con ellas para llevar a cabo una lucha larga y dura.

Las mujeres provenían de Italia (35%), del Este de Europa (55%), las nativas americanas representaban el (7%). Las condiciones de trabajo eran deplorables: jornada laboral de 8 de la mañana a 6:30 de la tarde, con un descanso de 30 minutos para comer. Las horas de trabajo que era, normalmente de 56 horas, podían verse incrementadas hasta las 70 en los períodos con más carga de trabajo.

En el The Independent describía así una operaria las condiciones de trabajo: «A las siete en punto estamos todas sentadas frente a nuestras máquinas y el jefe trae a cada una la pila de trabajo que debe terminar a lo largo del día (la tarea. Esta pila se coloca junto a la máquina y, tan pronto como una falda está acabada, se deposita al otro lado de la  máquina. A veces, el trabajo no está acabado para la seis de la tarde y entonces, quien esté tras la  pila, debe hacer horas extras (…) Las máquinas van como locas todo el día, porque cuanto más rápido trabajes, más dinero ganas. En ocasiones, en mi apresuramiento, me pillo el dedo y la aguja lo atraviesa. Va tan rápido que no hace mucho daño. Vendas el dedo con un trozo de algodón y sigo trabajando. Todas tenemos accidentes como ése. Cuando la aguja atraviesa la uña, se te infecta el dedo. O cuando te astilla un hueso, hace mucho daño. A veces, te tienen que amputar el dedo (…) Al principio, algunos hombres jóvenes eran muy mal educados. Cuando pasaban junto a mí, me tocaban el cabello y hablaban de mis ojos y de mis mejillas encarnadas y hacían bromas. Yo lloraba y decía que si no paraban de hacerlo dejaría el empleo. El jefe decía que no debían hacer eso, que nadie debía molestarme…»

El paro se inició el 27 de septiembre de 1909 cuando no se permitió la entrada al taller a  las empleadas con el pretexto de que no había trabajo. A la huelga se unieron 40.000 trabajadoras no sólo del estado de N.Y. sino de otras ciudades de USA. Este paro se sostuvo económicamente por las donaciones de las mujeres más ricas de la ciudad, en una extraña pero encomiable solidaridad entre mujeres que obviaba las diferencias de clase.

El 15 de febrero de 1910 se declaró oficialmente acabada la huelga. 339 firmas habían pactado con sus trabajadoras; 13 compañías, entre ellas la Triangle, no llegaron a ningún acuerdo con sus empleadas. Si se hubieran aceptado las demandas de las huelguistas, el incendio no hubiera tenido lugar.

Demandaban:
– Salarios más altos.
– Mejoras en las condiciones laborales.
– La abolición del sistema de subcontratación y de las multas.
– Jornada laboral de cincuenta y dos horas semanales.
– Igual distribución del trabajo durante todo el año.
– Limitación de las horas extra a menos de dos horas y no más de tres días a la semana.
– Reconocimiento de sus derechos sindicales.

¿Cómo se provocó el incendio en la Triangle?

La fábrica estaba situada en los tres pisos superiores del Asch Building, edificio de 10 plantas, uno de los más altos que se habían levantado con el cambio de siglo. El edificio se terminó de construir en 1901 tenía 40 metros de alto y su estructura, suelos, marcos de ventanas y puertas eran de madera, material de construcción permitido por la ley vigente.

El inmueble debería de haber tenido tres escaleras pero tenía sólo dos. Ese defecto lo detectó el inspector de edificios pero el arquitecto logró convencerle de que como había una salida de incendios no se necesitaba la tercera escalera. Las que se construyeron eran estrechas y tortuosas, una sola llegaba hasta el tejado y la otra sólo hasta el décimo piso.

El artículo 80 de la Ley de Trabajo del Estado establecía que las puertas de deberían abrirse hacia fuera “donde fuera posible” y que no podían estar cerradas con llave durante las horas del trabajo. En este edificio todas las puertas se abrían hacia dentro por lo estrecho
de las escaleras. Ese mismo año se había echado para atrás una normativa que obligara a tener aparatos contra incendios de rociadura automática. La Liga de los propietarios se opuso. Las bocas de agua sólo repartían agua hasta el séptimo piso.

La novena planta estaba ocupada por 270 trabajadores y 240 máquinas de coser, ordenadas en 16 filas paralelas dispuestas a lo largo de todo el piso. En cada fila había 15
máquinas de coser, al frente de cada una de las cuales se situaba una operaria, cuyo único
horizonte en las horas de trabajo estaba delimitado por la compañera que tenía delante, por la que tenía detrás y por las que tenía a ambos lados. Así, cuando quisieron escapar estaban atrapadas unas por las otras.

La mayoría de las personas empleadas eran chicas inmigrantes entre los 16 y los 20 años y
se dedicaban a la confección de shirtwaist, prenda de vestir femenina muy en boga a finales del siglo XIX y principios del XX, ya que junto a una falda larga hasta los tobillos, formaba parte del traje de diario de la mujer de aquel tiempo.

No es cierto que su uniforme fuera de color lila, ni tan siquiera se menciona que tuvieran
uniforme. El incendio se declaró en la planta 8 a las 16 horas y 45 minutos. Describen los presentes que casi enseguida que comenzó a salir el humo por las ventanas empezaron a caer bultos que creyeron que eran fardos de telas pero se dieron cuenta que eran las trabajadoras que se arrojaban por la ventana.

El incendio de la fábrica fue el día 25 de marzo de 1911 «En la ciudad de Nueva York se incendia la Triangle Shirtwaist Company; 146 empleadas, la mayoría chicas jóvenes, perecen. No pueden huir por las puertas, las cuales estaban cerradas con llave para evitar que los empleados pudieran salir a hurtadillas. La tragedia despierta el interés de toda la
nación por la seguridad en las fábricas y los propietarios de la compañía son acusados de homicidio no premeditado» (Kristin Olsen Cronology of Women’s History. Londres Greenwood Press. 1994).