En escasamente dos días, el 30 y 31 de julio pasados, por las fronteras de Melilla y Ceuta principalmente, han pasado a territorio español cerca de 72.000 personas, muchos de ellos jóvenes menores, pero también adultos y familias con niños. En dos días han muerto cerca de cien personas en el intento.

Que ocurra un ‘salto’ puntual, orquestado por redes sociales o de boca en boca es normal, sucede continuamente, son miles y miles de inmigrantes que aguardan una oportunidad al otro lado de la frontera. La situación socio-laboral en Marruecos es mala, y en otros países cercanos, aún peor. Lo que no parece tan normal, es que los que han conseguido llegar a territorio español lo hayan hecho por distintos puntos, la mayoría nadando bordeando el espigón del Tarajal, otros saltando la valla o pasando por los propios puestos fronterizos,
incluso se han difundido imágenes (sin confirmar su autenticidad) de camiones del ejército marroquí descargando personas cerca de los puntos de paso.

Este hecho, insólito por la gran cantidad de gente de todas las edades, que ha tratado de pasar a la misma vez, es el más masivo de los últimos años. Curiosamente, los partidos de ultraderecha (incluido el PP) no han tardado ni un minuto en atribuirlo al ‘efecto llamada’ de la política de regularización de inmigrantes puesta en marcha por el gobierno de P. Sánchez. Y tampoco se han perdido segundos por parte de los miembros del gobierno de Trump desde EEUU, que han aprovechado para justificar su propia política restrictiva con la
inmigración y vaticinar la destrucción de Europa al consentir la llegada de personas de otras razas, religiones o simplemente de otros continentes.

Muy pocas cosas son casuales y menos aún en geopolítica internacional. Son varias las coincidencias que concurren en esta ocasión: – El presidente del gobierno de España, lleva tiempo enfrentándose a Trump, por las exigencias de éste forzando una mayor inversión en
armamento, así como por los aranceles impuestos desde EEUU.

  • Las posturas del gobierno español han sido de condena al genocidio israelí contra el pueblo palentino, apoyado por EEUU. También han sido contrarias a la invasión de Irán, entre otras acciones, negando el uso de las bases para repostar o enviar armamento a los lugares de conflicto.
  • La permanente amenaza de Trump, de usar todos los mecanismos a su alcance para acabar con el gobierno de Sánchez, al que califica de ‘traidor’. Cerrar las bases de Rota y Morón y plantear a la OTAN la instalación de estas en Marruecos.
  • El debate en el gobierno de España, proclive a aprobar la nacionalidad española a aquellos saharauis que ya fueran nacionales antes del abandono del Sahara por los militares españoles, así como a sus descendientes directos.
  • La permanente disputa por las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla reivindicadas por Marruecos. Incluso apoyada esta reivindicación por Trump (hoy amigo del rey alauita), incluyendo hasta las islas Canarias.
  • La visita de P. Sánchez a la capital argelina y la entrevista con el presidente Abdelmajid Tebboune, para reforzar relaciones y firmar nuevos contratos de suministro de gas, que se han reanudado por el gaseoducto de Medgaz sin pasar por Marruecos. Esto ha ocasionado la restricción de envíos por el que atraviesa este país, con lo que además de cobrar menos, les resta control sobre los suministros. Diez días después se produce la avalancha de inmigrantes.
  • Los socios preferentes de Marruecos son EEUU e Israel y ahora más que nunca, le interesa esta asociación. Agradar sus intereses o secundar sus consignas, puede ser un signo de lealtad hacia ellos.

Uno de los aspectos que más llama la atención es que la situación de paso de personas hacia territorio de España se haya mantenido durante varias jornadas consecutivas. Si se hubiera tratado únicamente de unas pocas horas, podría atribuirse a un fallo operativo o a una negligencia puntual. Sin embargo, la continuidad del fenómeno hace pensar que existe intencionalidad en la falta de control de la frontera del país de salida.

Otro de los aspectos, es que apenas unas horas después de las primeras imágenes, la Casa Blanca atribuía la situación en Ceuta a las «políticas globalistas de extrema izquierda» de España. Altos cargos de la administración Trump difundían vídeos del enclave para justificar su propia política antimigratoria. Una crisis en una frontera española, convertida en minutos en material de propaganda en Washington.

Y, mientras tanto, Marruecos no dice nada, habiendo más de setenta mil ciudadanos de ese país, que han intentado escapar ante la falta de perspectivas de vida, arriesgándose a perderla en el intento y, habiéndola perdido cerca de cien personas (a uno y al otro lado del espigón del Tarajal).

Parece impropio o sospechoso que no haya ninguna reacción.

Giorgia Meloni, la presidenta italiana, primero, seguida de otros 22 países de la Unión Europea, han pedido una reunión urgente para acordar medidas para impedir la entrada en el espacio Sehengen, de inmigrantes no autorizados.

El gobierno de España no se defiende, será por eso de la ‘realpolitik’, que prefiere no enfrentarse para evitar una nueva crisis con Marruecos. Prefiere decir que “este es un socio fiable”, y “que los organizadores de todo son las mafias”. El objetivo de las mafias es obtener algún beneficio y animar a que la gente salte la frontera, no les renta ninguno. Todos somos conscientes de que se trata de una táctica que rey Mohamed VI utiliza cada vez que le conviene para obtener nuevas compensaciones por parte de la Unión Europea o de  España (como el reconocimiento de su plan para el Sahara Occidental, por  ejemplo).
La oposición interior, rápidamente se ha alineado con las tesis de Trump, aprovechando golpear, una vez más, al presidente de este país, que es el suyo. Por supuesto, ni una mínima condena a Marruecos.

Evidentemente es un nuevo intento de desestabilización del gobierno de España, tanto desde el exterior como desde el interior.

Y un nuevo reto para la Unión Europea, que después de múltiples intentos, no ha consensuado una política común respecto a la inmigración. Lo máximo que han logrado, y ahora pagan las consecuencias, es encomendar la vigilancia de sus fronteras a terceros países: Turquía, Albania, Marruecos, etc. O trasladar a los que considera ilegales, a campos de concentración en esos terceros países. Todo ello, por supuesto, a base de acuerdos millonarios, que enriquecen a sus dirigentes y les concede una herramienta de chantaje
permanente, como viene siendo este el caso. Y Marruecos, que conoce perfectamente este ecosistema, sabe que cada persona que empuja al agua le sale gratis: el coste político lo pagará el Gobierno español, y el rédito lo cobrarán ellos y la extrema derecha.

Que Marruecos abre y cierra el grifo migratorio según su conveniencia diplomática no es una sospecha: es un patrón documentado desde 2021 que se produjo la primera crisis migratoria importante, sospechosamente incitada u organizada por servicios secretos de este país (ayudados por la CIA y el Mosad, como fue la Marcha Verde). La crisis del 21 trajo como consecuencia el cambio de posición del gobierno de Pedro Sánchez respecto al Sahara Occidental. Marruecos, pese a su cooperación puntual, sabe que Bruselas y Madrid dependen de su colaboración para contener los flujos, lo que le otorga una posición de fuerza en las relaciones bilaterales.

El Partido Popular y Vox hablan de ‘asalto a la integridad nacional’, ‘de invasión’… Miguel Tellado del PP dice que “todos esos ilegales que han entrado a territorio español, hay que echarles y que vuelvan por el mismo sitio por donde han llegado”. Se entiende que hay que echarles al mar, que es por donde han venido, a todos/as también a cerca de dos mil niños que hoy se esconden en Ceuta para que no les devuelvan.

¿Y los principios de libre circulación, derecho de asilo, respeto a los derechos humanos…, donde se han quedado? Eso ya no es lo importante, no prevalecen los derechos de las personas, al contrario: mientras el mundo lo llenan de guerras, se destruye el clima y el
planeta, cada vez hay menos recursos para vivir…, Europa se blinda con muros, con armas y con leyes para que en ella solo entren los elegidos, para esos, a los que el color de su piel o su religión no son importantes, si traen dinero, o si son necesarios como mano de obra barata y sin derechos.