Desde hace más de dos décadas, la asociación cultural española Pallasos en Rebeldía ha convertido el clown, el circo y el teatro en herramientas de solidaridad internacional y defensa de los derechos humanos.
Este mes de diciembre se presentó en rueda de prensa el balance de la última edición del campo de trabajo para jóvenes ripenses que el Ayuntamiento viene realizando desde hace años y que sirve para que la juventud de Rivas pueda conocer de primera mano la realidad de los campos de refugiados palestinos en su propia tierra.
El Ayuntamiento de Rivas y la ONG Pallasos en Rebeldía (con ‘elle’, que es la grafía que se da a la palabra en gallego, tierra de origen de la ONG) son quienes organizan estos campos de trabajo. Fundada en 2004, la ONG trabaja en distintos territorios marcados por el conflicto y la exclusión social, pero una de sus intervenciones más constantes y significativas se desarrolla en Palestina y en los campos de refugiados palestinos, donde el arte se transforma en acompañamiento, denuncia y esperanza.

La filosofía de Pallasos en Rebeldía se basa en la convicción de que la risa y la creación cultural pueden abrir espacios de dignidad incluso en los contextos más adversos. Su labor combina acción artística y compromiso político, con actuaciones y talleres que se realizan en calles, plazas, hospitales, escuelas y campos de refugiados, allí donde la vida cotidiana está atravesada por la ocupación, la precariedad y la violencia estructural.
Más allá de los espectáculos, el colectivo desarrolla talleres de clown, dinámicas de la risa y técnicas circenses orientadas a fortalecer la autoestima, el trabajo comunitario y la capacidad creativa de las propias poblaciones. El objetivo no es solo ofrecer momentos de alegría, sino también fomentar procesos colectivos que permitan a niños, niñas y jóvenes generar sus propios espacios artísticos y de expresión.
Festiclown Palestina: un festival contra el silencio

Una de las iniciativas más emblemáticas de la organización es el Festiclown Palestina, un festival internacional de clown y circo que se celebra desde al menos 2011 en diferentes ciudades y territorios palestinos, como Jerusalén, Belén, Nablus y otras localidades de Cisjordania. Durante el festival, artistas de distintos países participan en espectáculos y actividades abiertas en espacios públicos, colegios, hospitales y campos de refugiados.
El Festiclown Palestina ha sido concebido como una forma de romper el “muro de silencio” que rodea la realidad del pueblo palestino. A través del humor, el encuentro y el arte colectivo, el festival busca visibilizar la vida cotidiana bajo la ocupación y generar vínculos de solidaridad internacional desde un lenguaje accesible y universal.
Arte comunitario en contextos de tensión
La presencia de Pallasos en Rebeldía en Palestina se remonta, según la propia organización, a principios de la década de 2000. Desde entonces, sus integrantes han realizado actuaciones y procesos formativos en situaciones de gran tensión, interviniendo en hospitales, calles y campos de refugiados.
La asociación estima que más de 150.000 personas palestinas han participado o asistido a sus actividades a lo largo de los años.

Intercambio cultural y formación
Además de su trabajo sobre el terreno, Pallasos en Rebeldía impulsa proyectos de intercambio educativo y cultural entre Palestina y el Estado español. En colaboración con instituciones locales, como el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, niños y niñas de campos de refugiados palestinos han participado en campos de trabajo e intercambios donde aprenden habilidades circenses, comparten experiencias con jóvenes europeos y acceden a espacios formativos difíciles de encontrar en su contexto de origen.
Estos proyectos buscan generar oportunidades creativas, reforzar la participación comunitaria y tender puentes entre realidades separadas por fronteras, muros y desigualdades políticas.
La risa como herramienta de dignidad
En contextos de conflicto, el acceso a la cultura, al juego y a la creación artística adquiere un valor social y emocional fundamental. Para Pallasos en Rebeldía, la risa no es un gesto superficial ni evasivo, sino una forma de resistencia, una manera de reafirmar la dignidad humana y de construir redes de apoyo frente a la violencia y la deshumanización.
Con su trabajo en Palestina, la organización demuestra que el arte puede convertirse en un lenguaje de fraternidad y denuncia, capaz de acompañar a comunidades que resisten desde lo cotidiano y de recordar, incluso en los escenarios más duros, que la alegría también puede ser un acto político.
«El vínculo entre Rivas y el pueblo palestino nos hace más humanas a quienes habitamos este municipio»

Malena Pozas Gil, ha participado en el viaje a Palestina con Pallasos en Rebeldía, para participar en la última edición del campo de trabajo. La entrevistamos para conocer sus experiencias, sus sensaciones y sus valoraciones de primera mano.
RIVAS ACTUAL: Para empezar, ¿podrías presentarte y contarnos quiénes formabais parte del viaje?
MALENA POZAS GIL: Mi nombre es Malena Pozas Gil. En el viaje participamos siete jóvenes de Rivas, acompañadas por el equipo de Pallasos en Rebeldía, que son quienes organizan el proyecto junto con el Ayuntamiento de Rivas y realizan las actuaciones de circo.
R.A.: ¿Cuándo tuvo lugar el viaje y cómo fue el trayecto hasta Palestina?
M.P.G.: El viaje se realizó del 7 al 17 de diciembre. Como Palestina no tiene fronteras propias que no estén controladas por Israel, tuvimos que viajar en avión hasta el aeropuerto de Ben Gurion, en Tel Aviv. Además, viajamos en grupos y vuelos distintos, ya que en el aeropuerto no podemos decir que vamos a Palestina.
R.A.: ¿Qué os motivó a participar en un viaje como este?
M.P.G.: El principal motivo es acercarnos a la realidad palestina desde una perspectiva crítica y empática. Queríamos comprender la importancia de seguir estando presentes en espacios donde la alegría, la cultura y la solidaridad entre pueblos se convierten en una herramienta de resistencia.
R.A.: ¿Era la primera vez que viajabais juntas?
M.P.G.: Para muchas de nosotras sí era la primera vez que viajábamos juntas, aunque tres ya habíamos participado antes en campos de trabajo. Este año la convocatoria se abrió específicamente a antiguas participantes debido a la situación tan complicada que se vive en el territorio palestino desde el 7 de octubre. En mi caso, la última vez que estuve allí fue en 2019, cuando tenía 22 años.
R.A.: ¿Qué hace especial este proyecto frente a otros viajes de cooperación?
M.P.G.: Es una oportunidad única. La experiencia de tantos años de Pallasos en Rebeldía en el terreno, junto con el cuidado y el cariño que ponen en el proyecto, permite que el grupo pueda recorrer distintos lugares y vincularse con asociaciones culturales que hacen un trabajo extraordinario. Me atrevería a decir que hay un antes y un después en todas las jóvenes que participan. Palestina te enseña humanidad y a encontrar formas de resistir incluso en los pequeños detalles. Hemos comprendido el poder de la risa y el valor tan profundo que tiene.
R.A.: Durante el viaje estuvisteis en Tulkarm. ¿Qué vivisteis allí?
M.P.G.: En Tulkarm visitamos una asociación que trabaja con infancia con necesidades especiales y con la juventud del campo de refugiadas. Desde que los soldados ocuparon el campo hace más de un año, muchas casas fueron derribadas para construir caminos y miles de familias fueron expulsadas, con la amenaza de disparar a quien regresara. Desde entonces, la asociación no ha podido desarrollar su trabajo con normalidad. Las aulas, que antes eran espacios seguros de aprendizaje para la infancia, estaban vacías. El centro juvenil estaba vandalizado, con estrellas de David pintadas por el ejército israelí, y el ambiente era de miedo constante.
R.A.: ¿Algún testimonio que te marcara especialmente?
M.P.G.: Uno de los voluntarios de la asociación nos habló del mar. Nos explicó que viven muy cerca, pero que ese mar pertenece a las tierras del 48 y les está totalmente prohibido. Ninguna persona del campo ha podido volver a verlo; no saben cómo es. Durante la pandemia, él decidió escaparse para verlo con sus propios ojos, aun sabiendo que podía acabar muerto o en prisión. Nos dijo: “Mereció la pena, fue uno de los mejores momentos de mi vida”. Fue muy impactante.
R.A.: ¿Cómo fue la experiencia de llevar el circo y los juegos al campo?
M.P.G.: Antes de irnos de Tulkarm hicimos juegos con los niños y niñas y un espectáculo de circo. Al terminar, varias personas se nos acercaron para decirnos que era la primera vez que veían circo en su vida y para agradecernos haber llevado algo así a su hogar. Fue una experiencia increíble, aunque también muy agotadora a nivel emocional.
R.A.: Para terminar, ¿con qué mensaje te quedas tras este viaje?
M.P.G: Ojalá poder volver pronto. “Inshallah”, como dicen allí. Ojalá este viaje pueda seguir realizándose y que otras jóvenes tengan la oportunidad de vivirlo. No hay que dejar de ir a Palestina, pero tampoco hay que dejar de devolver a la ciudadanía ripense todo lo que hemos aprendido y compartido. El vínculo entre la ciudad de Rivas y el pueblo palestino nos hace más humanas a todas las personas que habitamos este municipio.






























