Cada 23 de septiembre, el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas nos recuerda una realidad que no podemos permitir que se normalice: miles de mujeres y niñas siguen siendo captadas, explotadas y convertidas en mercancía para beneficio de otros.
La trata con fines de explotación sexual es una de las expresiones más extremas de la violencia contra las mujeres. Detrás de cada cifra hay una historia de desigualdad, vulnerabilidad, engaño, amenazas, violencia y miedo. Mujeres que, en demasiadas ocasiones, son arrancadas de sus hogares, de sus países y de sus redes de apoyo para ser sometidas a una explotación de la que resulta muy difícil escapar.
No podemos hablar de libertad cuando existe pobreza, desigualdad, precariedad, violencia o falta de alternativas. No podemos llamar elección a aquello que está condicionado por la necesidad, la coacción o la ausencia de oportunidades.
Combatir la trata exige perseguir a quienes se lucran con la explotación de otras personas, pero también actuar sobre las causas que permiten que este negocio exista. Significa reforzar la prevención, mejorar la identificación y protección de las víctimas, garantizar recursos para su recuperación y asegurar que puedan reconstruir sus vidas con autonomía y dignidad.
Y significa también hablar de la demanda.
Porque mientras exista un mercado dispuesto a pagar por el cuerpo de mujeres en situación de vulnerabilidad, habrá quienes intenten obtener beneficios de esa explotación. La responsabilidad no puede recaer únicamente sobre las mujeres explotadas. Debe señalar también a quienes compran, captan, trasladan, controlan y se enriquecen.
Desde el feminismo sabemos que la desigualdad no es inevitable. Se combate con políticas públicas, con educación, con recursos y con derechos. Por eso necesitamos instituciones comprometidas, servicios especializados suficientemente financiados y una respuesta coordinada que coloque siempre a las víctimas en el centro.
No basta con indignarnos cuando conocemos un nuevo caso. No basta con campañas un día al año. La lucha contra la trata y la explotación sexual debe ser una prioridad permanente.
Porque una sociedad verdaderamente igualitaria no puede aceptar que el cuerpo y la vida de una mujer puedan convertirse en un negocio.
Contra la trata. Contra la explotación sexual. Contra cualquier forma de violencia que convierta a las mujeres en mercancía.
Ni una mujer más explotada. Ni una vida más convertida en negocio.


























