Un grupo de estudiantes de la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) de Madrid ha llevado la creatividad española hasta Nueva York gracias a Feel the Peel, un innovador proyecto que transforma la piel de las naranjas amargas de Sevilla en un material biodegradable y sostenible. Entre ellos, destaca Diego Rodríguez Klecker, de 22 años, y residente en Rivas desde que tiene seis.
De algo tan humilde y común como la piel de las naranjas amargas de Sevilla nació una idea capaz de viajar hasta Nueva York. Los responsables han sido seis estudiantes de la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) de Madrid que dieron forma a Feel the Peel, un proyecto que convierte ese residuo en BioPeel, un biomaterial biodegradable con el que diseñaron Sombra y Brisa, un abanico inspirado en la tradición sevillana. Esta propuesta, que fusiona sostenibilidad, diseño y cultura, fue finalista internacional en el Biodesign Challenge, un concurso que compite con otras 56 universidades internacionales, y fue presentada al público en el Instituto vinculado al MoMA. Dentro del equipo se encuentra Diego Rodríguez Klecker, de 22 años, el único integrante ripense del grupo, que llegó al municipio con seis años y desde entonces ha crecido y se ha formado aquí.
El proyecto nació de un problema muy concreto: las naranjas amargas de Sevilla. Este fruto, a pesar de ser abundante, ya que se producen unas 40 toneladas al año, no se consume debido a su sabor y a la absorción de toxinas del entorno. Antes se enviaban a Inglaterra para mermelada, pero dejó de hacerse, dejando toneladas de pieles inútiles. El equipo —formado por Áaron Truzman, Carmen Carranza, Javier Villasevil, Marta Poy, Pablo Pesqueira y Diego Rodríguez Klecker— se propuso dar respuesta creando BioPeel, un bioplástico hecho a partir de piel de naranja y otros componentes naturales. Este material es similar al cuero pero más duro y elástico, modificable y rápidamente degradable en contacto con la humedad y absorbible por la tierra.

El producto presentado fue el abanico Sombra y Brisa, inspirado en los patrones tradicionales y la arquitectura Sevillana. “El abanico es culturalmente más impactante que otros productos que pudimos haber desarrollado y permite mostrar el material de manera tangible”, explica Diego. “Fueron meses intensos, con exámenes y proyecto al mismo tiempo. Cada miembro aportó en varias áreas, pero yo me centré en el abanico y los renderizados”, añade. Mientras otros equipos llevaban años preparando su proyecto, el grupo de la UDIT solo tuvo tres meses para presentarlo. “El jurado valoró mucho que nuestro proyecto se pudiera tocar y que no fuera solo teórico. Además, nuestra presentación tenía ‘gracia española’, y eso marcó la diferencia frente a otros equipos que parecían obligados a estar allí”, recuerda Diego.

Un joven con clara vocación
Desde pequeño, Diego sabía que quería ser creador. Cursó sus estudios en el colegio Hipatia, continuó en el IES Antares durante la ESO y volvió al Hipatia para completar el Bachillerato. Hoy estudia Diseño de Producto en la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) de Madrid, y afirma que entrar en la carrera fue confirmar su vocación: “Siempre supe que quería crear. Cuando entré en la carrera me di cuenta de que era exactamente lo que quería hacer”, asegura.

Para Diego, su formación en el municipio ripense influyó en su creatividad: “La ciudad siempre ha estado muy activa en propuestas creativas, y eso me permitió crecer rodeado de ellas. La sensación que me ha dado Rivas en cuanto a esta disciplina es de sencillez y de homogeneidad, lo que probablemente ha basado bastante mi forma de diseñar a lo largo del tiempo.”
Para Diego, lo fundamental es atreverse a dar el primer paso y anima al resto de jóvenes a que no se queden atrás por miedo a que sus ideas no sean lo suficientemente buenas. “Las ideas solo son ideas si no empiezas a trabajarlas. Incluso aunque estén un poco mal desarrolladas, siempre es mejor que existan a que no existan”, explica.
































