Muchas veces he oído decir que los jóvenes ya no leen, que están demasiado centrados en las pantallas o que los libros han dejado de interesarles. Sin embargo, mi experiencia personal dice lo contrario. Como escritora, he tenido la suerte de coincidir con muchos
lectores y lectoras jóvenes en ferias, redes sociales y eventos. Uno de esos encuentros fue en Madrid, con Inma Rubiales, autora de novela romántica juvenil. Había una cola larguísima de adolescentes esperando. Cuando entraron en la sala y vieron a la autora, se notaba la ilusión y la alegría en sus caras. Vivían ese momento con intensidad, y era evidente que sus historias les habían llegado.
Esa experiencia me confirmó que, lejos de haber perdido el interés, para los jóvenes
la lectura se ha transformado en una experiencia emocional compartida. Los lectores y
lectoras expresan sus reacciones en vídeos que se viralizan y generan conversaciones
globales.
Es cierto que las redes sociales tienen sus riesgos, pero también han traído cosas positivas. Una de ellas es el fenómeno BookTok, una comunidad que ha revolucionado la forma en que los jóvenes descubren y comparten libros. El hashtag #BookTok acumula más de 309 mil millones de visualizaciones. Allí, los lectores comentan personajes, tramas, finales, y descubren nuevas lecturas que les emocionan y les hacen sentir.
Quise contrastar esta percepción con datos y encontré cifras que la respaldan. Según el Ministerio de Cultura, el 75,3 % de la población entre 14 y 24 años lee libros en su tiempo libre. Además, el porcentaje total de lectura por ocio ha alcanzado el 65,5 %, un récord que rompe con la idea de que cada vez se lee menos.
Quizá los hábitos hayan cambiado y ya no se lea como antes, pero lo importante es que se sigue leyendo, y mucho. La lectura ya no es una actividad solitaria: ahora se comparte, se comenta y se vive en comunidad. Así que no, los jóvenes no han dejado de leer. La lectura, simplemente, está más viva que nunca.


























