La experiencia de un grupo de niños y niñas palestinos en Rivas visibiliza un proyecto que desde hace más de una década une a la juventud ripense y a los habitantes del campo de refugiados de Aida.

Trece niños y niñas palestinos procedentes del campo de refugiados de Aida, en la ciudad cisjordana de Belén, pasan estos días en Rivas Vaciamadrid participando en una nueva edición del Campo de Trabajo Inverso, una iniciativa impulsada por el Ayuntamiento de Rivas y Pallasos en Rebeldía que conecta desde hace más de una década a jóvenes ripenses y palestinos a través del circo, la convivencia y el intercambio cultural.

Durante varias semanas, los participantes complementan su formación en la carpa de Arribas Circo, participan en campamentos urbanos, realizan actividades con asociaciones vecinales y deportivas y comparten experiencias con jóvenes de su misma edad. Para muchos de ellos, supone una oportunidad de alejarse temporalmente de una realidad marcada por las restricciones y la violencia.

La vida al otro lado del muro 

Integrantes del grupo de jóvenes palestinos que participaron en 2024 en un campamento en Rivas (Foto Rivas Actual)

Pese a la distancia geográfica y cultural, los jóvenes palestinos aseguran haber encontrado más similitudes que diferencias con los chicos y chicas de Rivas. “La ambición y la determinación para conseguir nuestros objetivos son iguales”, explica uno de los niños participantes. Sin embargo, reconoce que existe una diferencia fundamental: “Los sueños están mucho más limitados en Palestina”.

La estancia en Rivas también les permite compartir aspectos de una vida cotidiana difícil de imaginar para quienes viven lejos del conflicto. “Los checkpoints son mucho peores de lo que la gente puede imaginar”, señala uno de ellos. A ello se suma la falta de privacidad y de espacios para el juego. “Hay torres de vigilancia y las casas están muy cerca de los muros que rodean los campamentos. Apenas hay lugares donde los niños puedan jugar”.

Algunos de los participantes relataron además las dificultades que afrontan para salir de Palestina y viajar al extranjero, así como la interrupción de sus clases durante más de cuarenta días debido al contexto de violencia que afecta a la región.

Diez años tendiendo puentes

La Alcaldesa, la Concejala, miembros de Pallasos en Rebeldía y algunos niños que intervinieron en la presentación del Campo de trabajo (Foto Rivas Actual)

La experiencia que viven estos días en Rivas forma parte de un proyecto mucho más amplio que comenzó en 2015. Desde entonces, más de 120 jóvenes ripenses han viajado a Palestina.

Durante la presentación del programa, la alcaldesa de Rivas, Aída Castillejo, reafirmó el compromiso histórico del municipio con el pueblo palestino y dio la bienvenida a los menores asegurando que “Rivas vuelve a abrir los brazos a nuestros niños y niñas palestinos”. La regidora subrayó que esta acogida no es una iniciativa aislada, sino una expresión más de una relación de solidaridad sostenida durante años entre Rivas y Palestina, construida junto al Lajee Center, Payasos en Rebeldía y la juventud ripense que participa en los campos de trabajo.

Castillejo defendió que la solidaridad con Palestina forma parte de la identidad de la ciudad porque “el compromiso con los derechos humanos está en el ADN de la ciudadanía de Rivas” y advirtió de que “el genocidio continúa, aunque ya no se hable de ello en los medios de comunicación”. En ese contexto, reivindicó el valor de iniciativas como esta, que permiten a los menores complementar su formación circense, convivir con la infancia ripense y disfrutar durante unas semanas de un entorno seguro, cuidado y afectuoso.

La Alcaldesa, durante la presentación del Campo de trabajo (Foto Ayto Rivas)

La alcaldesa recordó que los niños y niñas participantes “llegan desde el campo de refugiados de Aida, donde muchas familias aún conservan las llaves de las casas de las que fueron expulsadas en 1948, con la esperanza de regresar algún día”, e insistió en que “el circo es la mejor herramienta de libertad, de solidaridad y de cooperación internacional”. “Hay mucha diferencia entre quienes destruyen escuelas y quienes las construyen”, concluyó, antes de reiterar que “Rivas siempre estará del lado del pueblo palestino”.

Desde 2015

El origen de esta iniciativa se remonta a 2015. Según explica Abraham Pavón, responsable del proyecto del Campo de Trabajo, el proyecto nació con el objetivo de ofrecer a jóvenes ripenses la oportunidad de conocer de primera mano la realidad palestina. “Es la mejor forma de tomar conciencia de dicha situación y de la necesidad de defender los derechos humanos y el derecho internacional”, afirma.

El corazón de esta iniciativa se encuentra en la Rebel Circus School, una escuela de circo ubicada en el campo de refugiados de Aida y gestionada junto a la organización palestina Lajee Center. Allí reciben formación niños, niñas y jóvenes de entre 3 y 18 años en distintas disciplinas circenses, psicomotricidad y español. El proyecto cuenta con coordinación local e internacional y, desde hace dos años, incorpora profesorado procedente de distintos países.

Cada verano, jóvenes de Rivas viajan hasta Belén para convivir con la comunidad local y colaborar en distintas actividades. El Campo de Trabajo Inverso, que se desarrolla desde hace tres años, completa ese intercambio permitiendo que algunos de los jóvenes palestinos visiten posteriormente el municipio.

De izquierda a derecha: la Alcaldesa, la Concejala y dos miembros de Pallasos en Rebeldía, durante la presentación del Campo de Trabajo (Foto Rivas Actual)

El campo de trabajo inverso da la oportunidad a niños y niñas palestinos de pasar unos días alejados de su realidad diaria de violencia”, explica Pavón.

La continuidad del proyecto no ha estado exenta de dificultades. Según señala Pavón, el recrudecimiento de la violencia en los territorios palestinos desde 2023 ha complicado el funcionamiento de las iniciativas que desarrollan sobre el terreno. “La situación en Palestina siempre ha sido muy volátil, pero desde 2023 el nivel de violencia y represión se ha recrudecido de forma exponencial”, afirma.

Pese a ello, la iniciativa continúa adelante gracias a la colaboración entre las entidades implicadas y al apoyo del Ayuntamiento de Rivas, una participación que Pavón considera “fundamental” tanto para la financiación de las actividades como para mantener vivo un vínculo de solidaridad construido durante más de una década entre la juventud ripense y la palestina.

Para quienes impulsan el proyecto, el circo es mucho más que una actividad artística. “La risa y el más difícil todavía son nuestra arma de resistencia”, resume Pavón. Una filosofía que se materializa cada verano en el encuentro entre jóvenes que, pese a crecer en contextos muy distintos, descubren que comparten inquietudes, sueños y ganas de construir un futuro más humano.