Divide y vencerás

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Esperanza Negueroles

De siempre es sabido que los poderes fácticos (los que mandan) cuando se han querido “deshacer” de alguna persona, partido político o movimiento asociativo, han utilizado todos los medios a su alcance; y cuando digo todos sus “medios” me refiero a los medios de comunicación (cuarto poder) de los que son propietarios. Estos, con sus líneas editoriales, bulos, medias noticias, etc. “acababan” con quién se pusiera por medio.

Por todo ello, era más o menos fácil “desenmascararlos” y poner una frontera de sentido común, de criterio,… Entre ellos y nosotras. Pues bien, en la actualidad, -al menos a mí- es más difícil saber quién está detrás de las “redes” con sus bulos, medias noticias o, incluso, con la “buena fe” de algunas personas divulgando aquello que nuestro sentido común nos dice que son falsas.

Todo esto lo digo, a modo de preámbulo pues desde hace tres o cuatro años, el movimiento de mujeres se ha vuelto incómodo, sobre todo después del “Me Too” y desde que muchas personas se han identificado como feministas. Antes, las feministas eran identificadas como aquellas mujeres que en el siglo XIX salían a la calle pidiendo el voto y se encadenaban a las verjas, se ponían delante del caballo del rey… O delante de la Casa Blanca 24 horas día tras día…Éramos aquellas solteronas, feas y además ¡O aberración! lesbianas; con lo cual ya estaba servida la descalificación, la ridiculación y el olvido.

Pues bien, hace tres años, salimos multitud de mujeres en todo el mundo y en España, al parecer, en mayor cantidad. Al socaire de los hechos, los políticos y otras personas se adueñaron del término, mistificándolo la mayoría de las veces. Por lo tanto: ¡Había que acabar con las feministas!.

Las redes empezaron a echar chispas, ¿qué nos dividía? Cuando eran las diferentes corrientes del feminismo, pensadas, debatidas, donde el movimiento de mujeres se escindía, pero siempre encontrabamos puntos en común que nos unía a la hora de salir a la calle. Ahora, han encontrado un punto que siempre ha estado en nuestro pensamiento y acción: la prostitución.

Desde la señora Butler, en el siglo XVIII, las feministas han venido reivindicando la hipocresía de la sociedad hacia esas mujeres prostituidas y buscando soluciones para que se acabe con esa esclavitud, una de las formas más terribles de la violencia de género.

Es cierto decir, que no nos hemos puesto de acuerdo: unas piden la regulación de esa situación, equiparando dicha esclavitud con un trabajo. ¿Es así? Se puede decir, por tanto, que las mujeres prostituidas (la inmensa mayoría llega a ello por diferentes circunstancias y no por su propia voluntad) estarían sujetas al Estatuto de los Trabajadores, con todo lo que ello conlleva, ¿los prostituidores: proxenetas e individuos “de bien” que las utilizan y degradan se avendrían a tratarlas como trabajadoras y no como esclavas de sus caprichos y beneficios económicos? Es decir, ¿se convertirían en personas con todos los derechos y beneficios de una trabajadora “normal”? ¿sus hijos e hijas cuando les preguntaran en el colegio por la profesión de su madre podrían decir, con toda naturalidad, que son prostituidas? ¿nuestras hijas, cuando les preguntemos qué quieren ser de mayor dirán con total naturalidad que prostitutas (ya no serían prostituidas)?… En fin

Otras, pedimos la Abolición; ahora bien, es complicado pues hay que dar la vuelta a esta sociedad como un calcetín. Es acabar con la violencia de género y, en el caso que nos ocupa, con una de sus manifestaciones: la prostitución. ¿Las personas que se lucran económicamente están dispuestas a perder sus pingües beneficios con la desgracia ajena? ¿Los prostituidores, a veces ejemplares padres de familia, están dispuestos a dejar de serlo y buscar relaciones “sanas”? En fin, esto para no ahondar más en todas las implicaciones que conlleva.

Y no he profundizado en la trata de seres humanos con fines de explotación sexual (la mayoría de las personas prostituidas) han de regresar a sus casas ¿serán capaces de rehacer sus vidas? ¿Serán bien recibidas, como si no hubiera pasado nada? ¿el gobierno será capaz de establecer protocolos para su reinserción en sus países?…

Pues bien, ¡Han encontrado nuestro talón de Aquiles! Por ahí nos están dividiendo sin que seamos capaces de debatir y llegar a una acción común. TENEMOS QUE CONVENCER A LA SOCIEDAD. Tenemos una tarea ardua como la que más y, sobre todo, no dejar que nos dividan.

 

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