El otro día lancé una interesante pregunta en mi trabajo: si pudieses besar a cualquier persona  del mundo, ¿a quién sería? La cuestión corrió por los pasillos como la pólvora.

Me resultó fascinante ver cómo se ruborizaban. Algunos parecían tener una respuesta preparada; otros se hacían un repaso mental del catálogo de posibilidades, y solo unos pocos elegían con el corazón.

Aparecieron, en su mayoría, nombres de famosos con un ideal de belleza desmesurado. A
todos nos encantaría babosear a Scarlett Johansson, Henry Cavill o Miguel Ángel Silvestre.
Auténticas deidades de la belleza que nos deslumbran en la gran pantalla y con las que nos
desmayaríamos antes siquiera de unir los morros. Esperaba estos nombres como posibles
candidatos, pero repetiré la pregunta: ¿a qué persona besarías del mundo? Esto abarca un
gran abanico de posibilidades, y cuando la vuelvo a plantear, suelen coincidir en su primera
elección; hasta que alguien deja los sueños húmedos de cama para dar una opción diferente.

Resaltaré aquellos que besarían a su hijo. Tienen la posibilidad de hacerlo cada día, de
abrazarlo en cualquier momento, de oler su fragancia y de acunarlo entre sus brazos y, aun así, lo elegirían como primera opción. Qué bonito es pensar que el amor gana sobre la belleza. Incluso hubo algunos que prefirieron a sus esposas, pero fue una triste minoría. Son labios y mejillas muy conocidos que damos por sentado que estarán siempre disponibles.

Me sorprendieron quienes pensaron en sus abuelos, amigos lejanos, suegras o alguna
expareja de la que nunca se despidieron en condiciones. Logré que algunos pasaran la barrera de la mera atracción física, de cumplir sus deseos más carnales para convertir el beso en algo simbólico, tierno, sincero o envenenado. Recordemos que Judas vendió a un profeta por treinta monedas, la mafia te sentencia de muerte con este gesto o transferimos enfermedades con algo tan bello y tierno. Me alegró saber que nadie lo daría por venganza.

Llegados a este punto, te intrigará saber a quién elegí yo. Pues, ni más ni menos, que al
mismísimo Lenin. ¿Por qué? Esos labios no han sido profanados en más de cien años; es la
persona más protegida y visitada del mundo; se mantiene en un estado de  embalsamamiento perfecto. Podría convertirme en el príncipe que despierte al bello durmiente y, quizás con suerte, reciba feedback por su parte.

Nadie comprende mi elección, pero a todos les hace gracia.

Repartimos besos a diestro y siniestro, los reprimimos por vergüenza a la puerta del colegio, nos sirven como despedida y los saboreamos de mil formas diferentes.

Ahora que reconoces que besar no es algo puramente sexual, te deberías repreguntar ¿a quién besarías?, ¿y por qué? El día de mañana, cuando alguien lance de nuevo esta cuestión, tendrás la respuesta preparada. Elige a Lenin.

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Juan Font (Rivas-Vaciamadrid, 1988) es escritor y guionista. Ha publicado relatos y se han llevado a la pantalla y a los escenarios sus guiones para cine y teatro. Es el autor de '3S93JOS, el secreto de las esferas'. Además, se ha formado en escritura creativa y ha obtenido diversos reconocimientos por su obra. Colabora asiduamente como articulista para diversos medios y presenta el programa Palabras en Vuelo de la Asociación de Escritores en Rivas.