La comunidad educativa madrileña vacía sus campus para defender la universidad pública

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Concentración de sindicatos y estudiantes en el patio interior del Rectorado de la UAH / Gema García

El parón académico ha alcanzado, en su primera jornada de huelga, entre un 50% y un 90% de participación según los sindicatos y los mismos centros, llegando al 100% en algunos campus de la Universidad Complutense de Madrid y dejando apenas una docena de estudiantes en facultades como Filología y Letras en Alcalá, donde también se han registrado aulas vacías en la facultad de Derecho. Rivas Actual ha acompañado a la comunidad educativa de la Universidad de Alcalá de Henares durante su primera jornada de huelga desde dentro.

Las seis universidades públicas madrileñas —UCM, UAM, UPM, UC3M, URJC y UAH— afrontan dos días de huelga convocada por la comunidad educativa para denunciar la infrafinanciación crónica del sistema y unos nuevos presupuestos que, según sindicatos y plataformas estudiantiles, empeoran su deterioro. Las protestas arrancaron el miércoles 26 con encierros, piquetes y actos reivindicativos en los campus, además de una concentración ante la Consejería de Educación, y continúan este jueves 27 con la misma dinámica, antes de culminar con una manifestación a las 18:30 entre Atocha y Sol.

Según CCOO, el seguimiento de la huelga ha sido especialmente alto en la Universidad Complutense, con entre un 85% y un 90% de participación, llegando incluso al 100% en algunos centros de los campus de Moncloa y Somosaguas, según fuentes de la propia plataforma en defensa de la UCM. En la URJC y la UAM la participación se sitúa entre un 80% y un 85%, mientras que en la UPM ronda el 60% y en la UC3M llega al 70%. En la Universidad de Alcalá, el sindicato cifra el seguimiento entre un 50% y un 60%, aunque fuentes institucionales lo elevan ligeramente a entre un 60% y un 70%, señalando además una asistencia “muy baja” en los centros. En algunas facultades apenas han entrado una docena de estudiantes, y la mayoría lo han hecho por la obligación de entregar trabajos o tareas académicas ineludibles, según afirman desde el Sindicato de Estudiantes de la misma universidad.

Pancarta en el interior de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAH / Gema García

La huelga de la UAH, desde dentro

Rivas Actual ha cubierto sobre el terreno la primera jornada de huelga en la Universidad de Alcalá, donde sindicatos, trabajadores y estudiantes protagonizaron una concentración al mediodía frente al Colegio de San Ildefonso, sede del Rectorado, tras una noche de encierros en las facultades, piquetes informativos y talleres sobre la situación de la universidad pública. A la convocatoria acudieron centenares de personas y parte de los asistentes accedió al patio interior del Rectorado —donde apenas quedaba personal trabajando— para visibilizar que “la universidad pública está en protesta porque la están maltratando y desmantelando”, en referencia a los presupuestos autonómicos que se aprobarán a principios de diciembre. En la concentración participaron CCOO, CGT, el Sindicato de Estudiantes y la Asamblea por la Pública de Alcalá de Henares, que denunciaron conjuntamente la falta de financiación, el deterioro de infraestructuras y los efectos que puede tener la nueva ley autonómica de universidades, la LESUC.

Concentración de sindicatos y estudiantes en el patio interior del Rectorado de la UAH / Gema García

Rubén, coordinador externo del Frente de Estudiantes en la UAH y portavoz de la Asamblea UAH por la Pública, explicó que los presupuestos autonómicos destinan menos del 0,5% del PIB a las universidades públicas, a pesar de que la Ley Orgánica del Sistema Universitario fija un mínimo del 1%. “Tras una reforma que apenas subió del 0,4% al 0,46%, seguimos por debajo del medio punto del PIB”, recordó, señalando que esta infrafinanciación tiene consecuencias visibles: techos que se caen, baños clausurados durante más de un curso, facultades sin calefacción ni aire acondicionado y edificios nuevos —como los de la Facultad de Ciencias— que presentan daños estructurales. “Y aun así, la UAH está mejor que otras, como la UCM, que quizá no pueda pagar a sus profesores a partir de diciembre”, denunció.

Aunque la huelga está motivada principalmente por los presupuestos que la Comunidad de Madrid aprobará en diciembre, Rubén subraya que estas jornadas se inscriben también en un ciclo sostenido de movilizaciones contra la LESUC, la futura ley autonómica de universidades, a la que se refiere como “un horror jurídico y político”. Dentro de ella, se incorporan elementos como el modelo de financiación por objetivos, que considera especialmente perjudicial porque priorizaría a las titulaciones con mayor respaldo privado —como determinadas ingenierías— mientras que “las investigaciones de letras o de ciencias sin interés empresarial quedarán relegadas”.

Otro de los puntos es el Distrito Único de Prácticas, que obligaría al estudiantado de la UAH a competir no solo con la UCM y la UAM, sino también con las catorce universidades privadas madrileñas, muchas de las cuales mantienen convenios preferentes con empresas. “No quiero imaginarme a un estudiante de la Politécnica de Alcalá teniendo que desplazarse a Alcorcón para realizar sus prácticas, si es que llega a conseguirlas”, explica Rubén.

 

Resulta difícil comprender cómo, en una Comunidad donde su gobierno regional presume de sus jóvenes y de su potencial académico, la noticia sea precisamente el desmantelamiento silencioso de su propia universidad pública. Madrid cuenta con solo seis centros públicos frente a catorce privados, y aun así estos últimos avanzan a grandes pasos mientras las primeras sobreviven con presupuestos insuficientes y estructuras en decadencia. En un contexto en el que el acceso a la educación superior ya supone un esfuerzo económico para muchas familias, sorprende la falta de alarma ante el deterioro de un pilar tan básico como la educación superior pública, que debería garantizar oportunidades, futuro y equidad. La paradoja es evidente: se ensalza la valía de las nuevas generaciones mientras se les priva, cada vez más, de las herramientas para construir ese futuro que decimos que representan.