Es lugar común entre las y los historiadores que la monarquía encabezada por Alfonso XIII sufrió la peor pérdida de apoyos entre la población española a raíz, sobre todo, de la connivencia del monarca Borbón con el dictador Miguel Primo de Rivera, entregándole las riendas del poder político para instaurar una dictadura de duración relativamente corta, pero de grandes consecuencias negativas para las clases populares de la España de finales de la década de 1920.
Hoy, 14 de abril, es la misma fecha que aquel día de 1931 en que los resultados de unas elecciones municipales fueron considerados por todos (incluido el Consejo de Ministros del régimen monárquico y por el mismo Alfonso XIII) como muestra inequívoca de que el espíritu del pueblo español repudiaba el régimen y apoyaba el advenimiento de una nueva república.
¿Es hoy la monarquía española un régimen tan desacreditado como llegó a serlo el de 1931? Tras un largo periodo de 47 años, desde la aprobación en 1978 de la actual Constitución española, los valedores del régimen han podido escaparse de la razonable exigencia de sectores cada vez más numerosos de la población, en el sentido de someter a referéndum la naturaleza del mismo, para elegir entre monarquía o república como forma de Estado.
Debido a esa falta de consulta a la ciudadanía, no es posible acreditar el descrédito, digámoslo así. Pero pocas personas que aborden el asunto con ecuanimidad negarán que desde los últimos años del reinado de Juan Carlos I Borbón, ese descrédito de la monarquía ha ido en aumento. Las ya innumerables pruebas de que el rey emérito fue un delincuente y de que escapó de la justicia porque huyó de España, unidas a las inocultables pruebas de que los defensores a ultranza del régimen (PP, PSOE, Vox y otras formaciones políticas menores) hacen todo el tiempo los necesarios equilibrios en la cuerda para obviar esos desmanes del anterior monarca, son probablemente las causas más directas de ese creciente descrédito.
Llegados a este punto, parece no sólo razonable, sino democráticamente saludable, insistir en la necesidad de realizar ese referéndum. El próximo mes de junio, una nueva Marcha Republicana así lo exigirá, explícita o implícitamente. Mientras tanto, vaya por delante nuestra convicción de que un régimen que llegó de la mano de un dictador como Franco no tiene por qué ser considerado legítimo.
Y es que la primera dictadura en España llegó de la mano de un rey, y tras cuarenta años de otra dictadura fue ésta la que ‘devolvió el favor’ trayendo de vuelta a otro rey. Igual es el momento de hacer que la forma de Estado de este país no la decidan ni los reyes ni los dictadores.



























