Llevo tiempo observando la involución en asuntos de amor, relaciones y cuidados del cuerpo. Los jóvenes y adultos defienden los celos como una muestra de afecto, el menosprecio es el nuevo piropo y a las infidelidades ahora se les llama poliamor. Uno no puede vestir una minifalda o unas mallas sin que unos ojos viciosos te conviertan en un objeto. Os confieso que, si eres hombre y no compartes con el grupo su forma de pensar o actuar, te sentirás expuesto y observado, como los cuadros del Prado. Cuando te encuentres en pleno Triunfo de Baco, donde las risas y trivialidades se expanden sin medida, todo se truncará cuando alguien escupa un comentario inapropiado dirigido a la
camarera que os atiende. Puedes iniciar el debate con la compostura de El caballero de
la mano en el pecho, hasta que el otro agrupe adeptos a su dogmatismo y transforme la
charla en un auténtico Duelo a garrotazos. Son mayoría, se mofarán y se apoyarán entre
ellos. La desventaja está servida. La trabajadora de hostelería, la misma persona que trata a todos por igual, se ha transformado, sin pretenderlo, en dos cuadros distintos a ojos de la mesa: La maja vestida y La maja desnuda. Si la ves con ropa, atente a las consecuencias. Has pasado a vestir camisa blanca, a tener los brazos extendidos y a usar la palabra como única arma: vas a ser fusilado en El 3 de mayo en Madrid. Y es entonces cuando te das cuenta de que, al igual que Goya, la superficialidad se ha ido oscureciendo desde que existen redes sociales. Por más que intentes ser el Busto de mujer de Picasso y no mostrar tu enojo ante los comentarios indecorosos, acabarás convertido en el mismo Saturno devorando a su hijo, cuando alguien pretenda quitar tensión al asunto alegando que “solo son bromas”. Y, al igual que El sueño de Jacob, los ángeles descenderán de los cielos en un rayo de luz para darte la respuesta a tales actitudes: la sociedad se ha hipersexualizado. Es mejor no preguntar qué es para ellos el amor, el cariño o el romanticismo, no vaya a ser que alardeen de haber quitado un tendedero de la cocina. Anuncios, programas de televisión, películas, redes sociales … Nos bombardean constantemente con contenido sexualizado, donde se valora más unas curvas definidas, una talla desmedida de sujetador y un torso perfectamente esculpido que el último artículo de opinión publicado. Si la sociedad lograse dejar de pintar en lienzos abovedados con los dedos y la sangre del animal cazado, quizás descubriríamos más belleza interior y menos superficialidad. Y así, tal vez, dejaríamos de transformar el mundo en la última escena del tríptico de El jardín de las delicias Quizá hacen falta menos Isla de tentaciones y más tentaciones literarias.

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Juan Font (Rivas-Vaciamadrid, 1988) es escritor y guionista. Ha publicado relatos y se han llevado a la pantalla y a los escenarios sus guiones para cine y teatro. Es el autor de '3S93JOS, el secreto de las esferas'. Además, se ha formado en escritura creativa y ha obtenido diversos reconocimientos por su obra. Colabora asiduamente como articulista para diversos medios y presenta el programa Palabras en Vuelo de la Asociación de Escritores en Rivas.