Para celebrar el Día del Orgullo Gay en estas líneas de Mujeres singulares, en Plural, vamos a revisar la biografía de una mujer pionera en vivir su lesbianismo con la mayor libertad que le permitía la sociedad del siglo XIX, saltándose las normas de la época.

Marie Rosalie Bonheur nació en Burdeos en el año 1822, hija del pintor Raimundo Bonheur y de Sophie Marqués, profesora de música. Al parecer, su madre le enseñó el alfabeto dibujando animales junto a las letras, lo que para algunos biógrafos, explicaría los temas favoritos de las pinturas de Rosa. Tuvo una hermana y un hermano que también fueron pintores y otro hermano escultor.

Su padre, era miembro de la sociedad utópica fundada por el filósofo Saint Simon que defendía la igualdad social e intelectual de mujeres y hombres y la abolición de las distinciones de clase, entre otras premisas. En Burdeos, la familia conocío a exilados españoles como Goya o Leandro Fernández de Moratín; este último la llamaba Ma boule ronde (Mi bola redonda).

Cuando tenía siete años, se trasladaron a París donde su padre fundó una escuela femenina de dibujo. Desde pequeña fue tildada de marimacho “Yo era el más muchacho de todos”, lo que ella no desmintió en toda su vida llevando el pelo corto, llevando pantalones, fumando puros…Llevar pantalones era algo totalmente prohibido para las mujeres: “Me di cuenta que la ropa femenina era una constante molestia. Por eso decidí solicitar la autorización para vestir ropa de hombre al prefecto de policía. Pero el traje que llevo es mi traje de trabajo, no significa nada más. Lo que digan los imbéciles no me ha preocupado nunca. “Así, no sólo pudo utilizar pantalones sino pudo entrar en lugares sólo para hombres, como ferias de ganado. Se cuenta que cuando Eugenia de Montijo, admiradora suya, iba a visitarla al estudio Rosa se tenía que poner apresuradamente un vestido encima de los pantalones para recibirla.

Cuando murió su madre estuvo en un internado femenino donde tuvo problemas de adaptación al entorno escolar femenino. Al mismo tiempo, comenzó a mostrar sus aptitudes artísticas por lo cual abandonó el internado y su padre decidió formarla en su taller. Tras un período de aprendizaje es enviada al Louvre a realizar copias de los grandes maestros, las cuales vende, ayudando a aumentar los ingresos familiares.

Revisando diferentes biografías de la artista, en casi ninguna se menciona a las relaciones de pareja que tuvo: desde los catorce años (edad en la que se conocieron) con Nathalie Micas, que duró 50 años hasta la muerte de ésta. Posteriormente tuvo una relación con la pintora Anna Kumpke con la que vivió diez años, hasta 1889 cuando murió Rosa Bonheur.

Esta ausencia de sus relaciones que, pese a ser cuanto menos peculiares ha sido debido a que las mujeres éramos “nada”; es decir, nuestra sexualidad no existía, fuera de la tendencia que fuera. Por ejemplo, recordemos que en nuestro país era normal, en las fiestas de los pueblos, que las mujeres bailábamos juntas sin que a nadie se le pudiera ocurrir que podíamos ser una pareja de lesbianas; podíamos vivír juntas como amigas sin que nadie “sospechara”. Esa circunstancia no ocurría entre los hombres pues ellos si eran seres humanos y tenían sexualidad. (Recordemos que hasta 1993, Naciones Unidas no reconoce los derechos de las mujeres como derechos humanos).

Volvamos a la faceta artística de Rosa Bonheur: desde 1841 cuando presentó en el Salón sus dos primeras obras “Cabras y corderos” y “Dos conejos”, año tras año, obtuvo medallas en la Exposición de Rouen y en el Salón de París; en este último recibió la de oro en 1848 por “Labranza nivernais” que fue adquirida por el Museo de Luxemburgo. Estudió la anatomía animal visitando mataderos y haciendo disecciones. Preparaba cientos de bocetos y hacía multitud de estudios detallados antes de comenzar un nuevo cuadro o escultura.

En 1850 compró una granja cerca de París, donde fue va a vivir con Nathalie y donde trabajaba para las exposiciones que realizó desde entonces en diferentes ciudades europeas. Su consagración como artista fue en 1853 cuando presentó “La feria de caballos” en el Salón de París. El cuadro le dio fama y reconocimiento internacional y, ese mismo año, viajó a Escocia invitada por la reina Victoria, admiradora de sus obras. Allí hizo un gran número de bocetos que le sirvieron para realizar, después, alguno de los cuadros que siguieron dándole fama, como A Scottish Raid, terminado en 1860, e Highland Shepherd. Estas obras, reflejan un estilo de vida que había desaparecido un siglo antes y que era muy del gusto victoriano por lo que se hicieron muy populares en Inglaterra.

Pero no sólo en Inglaterra y Francia era famosa, en Estados Unidos era realmente famosa, hasta el punto de que se hicieron muñecas “Rosa”, inspiradas en su imagen; Anne Klumpke, recibió de regalo una cuando era pequeña según contó cuando se convirtió en la segunda compañera de Rosa Bonheur.

En 1859, con el dinero ganado y con sólo 37 años, compró la propiedad del Chateau de By, en Fointainebleu, un lugar que sedujo a Rosa Bonheur por su aislamiento, su tranquilidad y su proximidad al bosque, en el que vivían algunos de los animales que pintaba. Al edificio del siglo XV le realizó algunas mejoras para hacerlo confortable, incorporarle el estudio de pintura y, por otro lado, mandó construir cuadras y establos para los numerosos animales que poseía (ovejas, ciervos, caballos e incluso una pareja de jóvenes leones para los que se construyó una jaula especial). Supongo que alguno de estos leones e s el que pintó en el cuadro El Cid que hoy se exhibe en el Museo del Prado.

Rosa Bonheur nunca representó a los animales de una forma trivial lo que la diferencia de otros pintores de su época que trataban a los animales dentro de sus obras desde una óptica costumbrista: ella hacía una exaltación de ellos como seres vivos, tanto en sus obras de gran tamaño como en las de formato pequeño.

En 1865 fue condecorada con la Cruz de la Legión de Honor recibiéndola de la mano de Eugenia de Montijo. Al año siguiente fue recibida por el Emperador Napoleón III, el emperador Maximiliano I de México la condecoró con la Cruz de San Carlos. También fue condecorada con la Orden de Leopoldo de Bélgica y fue nombrada Comendadora de la Orden de Isabel la Católica de España. Y ese mismo año, fue nombrada miembro del Instituto de Amberes.

En 1867 participó con diez obras en la Exposición Universal de París, una de las cuales era un encargo personal de Eugenia de Montijo y que se llevó una medalla. Tres años más tarde, en el transcurso de la Guerra Franco-Prusiana, el rey Guillermo I de Prusia, dio órdenes estrictas a los ejércitos prusianos para que la casa y el estudio de Rosa Bonheur en el Château de By fueran salvaguardados.

Murió en dicho castillo en 1899, siendo su compañera Anne Klumpke quien se convirtió en heredera universal de Rosa y convirtió el  Château en el museo de la artista. También fundó el Premio Rosa Bonheur, en la Societé des Artistes Fraçais.

Anna Klumpke publicó una biografía de Rosa Bonheur, “Sa vie son ouvre”, basada en su propio diario, en las cartas de Bonheur, dibujos y otros escritos. En el libro, que sólo se publicó en inglés en 1998, cuenta cómo la conoció, cómo se enamoraron y cómo se convirtió en su retratista oficial y en su compañera. Tras la muerte de Bonheur, Anna pasó temporadas entre Francia, Boston y San Francisco, donde se instaló definitivamente en los años treinta. Durante la I Guerra Mundial instaló un hospital para soldados heridos en el Chateau de By. Anna Klumpke murió en 1942, a los 86 años, en San Francisco.