La pastelería-cafetería de la Avenida de la Técnica afronta su segunda campaña navideña apostando por roscones artesanos, elaborados desde cero, y una filosofía heredada de la tradición familiar de obradores.
En un rincón del polígono industrial de Rivas Vaciamadrid, Palmerium se ha convertido en el último año y medio en una parada casi obligatoria para los amantes de la repostería artesanal. Especialmente ahora, en plena campaña de Navidad, cuando su obrador familiar vuelve a encender hornos y esperanzas alrededor de uno de los productos más tradicionales de estas fechas: el roscón de Reyes.
Detrás de Palmerium está Tania, que junto a su pareja Héctor gestiona este negocio que nació mucho antes de que hubiera mesas, cafetera o mostrador de cara al público. “Nosotros teníamos un obrador familiar en Segovia”, recuerda. “Mi padre es panadero de toda la vida. Yo me he criado haciendo bizcochos y magdalenas. La cultura de lo artesanal la tenemos en vena”.

Tras un giro inesperado en la familia, Tania y Héctor se quedaron al frente del obrador familiar en Segovia. Poco después, decidieron trasladar el negocio a Rivas Vaciamadrid, donde vivía el padre de su pareja y donde veían una oportunidad real de crecimiento. Durante casi diez años, Palmerium funcionó únicamente como obrador, distribuyendo sus productos a otras cadenas y pastelerías. “No teníamos venta directa. Queríamos que la gente supiera que esto lo hacemos nosotros, ponerle cara al producto”, cuenta Tania. Ese deseo fue el que impulsó, hace año y medio, la apertura de la actual cafetería-pastelería, un paso que ha cambiado por completo la relación del negocio con sus clientes.
Los roscones, protagonistas de la Navidad
Con la llegada de diciembre, el obrador vuelve a centrarse en la campaña más importante del año. Palmerium afronta su segunda Navidad con roscones propios, tras el buen resultado obtenido el año pasado. Este año elaboran roscones tradicionales en distintos tamaños —cuarto, medio kilo y kilo— y con rellenos de nata, trufa y crema. Además, ofrecen opciones sin gluten y sin lactosa, ampliando así el abanico de clientes a “precios muy competitivos”, subraya Tania.
El objetivo es claro: un roscón que devuelva a lo esencial. Un sabor reconocible y honesto, que no necesita grandes florituras ni mezclas forzadas, sino que respeta lo de siempre para conservar los sentimientos de siempre.
La oferta navideña se completa con panettones —novedad de este año, también con versión sin gluten—, troncos de Navidad, tartas, mazapanes de Toledo y polvorones, conformando un surtido pensado para acompañar las celebraciones familiares sin perder el vínculo con la tradición.
Palmeritas, el producto que lo cambió todo
Si hay algo que define a Palmerium son las palmeritas, su producto estrella. Curiosamente, no estaban en los planes iniciales del obrador. “Empezamos haciendo bizcochos y magdalenas”, recuerda Tania. “Fue un distribuidor el que nos dijo: ‘¿por qué no empezáis a hacer palmeritas?’ Y dimos con la tecla”.
Desde entonces, las palmeritas han crecido hasta convertirse en la seña de identidad de la casa. De distintos sabores, elaboradas íntegramente desde cero y sin recurrir a masas congeladas, son hoy el principal reclamo de quienes se acercan al local, muchas veces solo “de paso”.
“Aquí lo hacemos todo desde cero: la masa, el hojaldrado, todo”, insiste. “Se nota mucho cuando algo está trabajado de verdad y cuando es más artificial”.
La oferta se amplía con New York rolls, tartas, postres y bollería francesa. Al mismo tiempo, Héctor sigue experimentando en el obrador con nuevas masas hojaldradas. “Esa parte de probar, ajustar, cambiar un poco de harina o de azúcar hasta dar con lo que él quiere, es lo más bonito del oficio”, señala Tania.
Aunque hoy Palmerium se siente cómodo en su ubicación actual, no descartan crecer en el futuro. “Me gustaría tener otros puntos de venta, incluso fuera de Rivas. ¿Por qué no Madrid?”, confiesa. Eso sí, siempre manteniendo la esencia: cercanía, producto honesto y elaboración propia.
“No hay que pelearse con nadie”, reflexiona. “Rivas es grande, Madrid es grande, España es grande. Creo que hay sitio para todos”.






























