Rivas vibró con el diálogo entre la Viena clásica y la guitarra de Rodrigo

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Javier García Verdugo saluda al público tras su actuación (Foto Paco Rodríguez / Rivas Actual)

La Orquesta Sinfónica de Rivas cautivó al Auditorio Pilar Bardem con un programa que entrelazó la maestría de Mozart y Marianna von Martinez con la sensibilidad del guitarrista Javier García Verdugo.

El pasado sábado 7 de febrero, el Auditorio Pilar Bardem se convirtió en el epicentro de un viaje sonoro que atravesó siglos y fronteras. La Orquesta Sinfónica de Rivas Alma Mahler, bajo la dirección de su titular Jorge G. Cuenllas, ofreció su segundo recital del año, logrando un lleno absoluto y una ovación cerrada que confirmó la excelente forma de la agrupación ripense.

El programa, diseñado con una coherencia histórica impecable, buscó tender puentes entre el refinamiento del clasicismo vienés del siglo XVIII y la nostalgia paisajística que define la música española del XX.

Un inicio con justicia histórica

La velada arrancó con la reivindicación de Marianna von Martinez. Su Sinfonía en Do mayor resonó con una vitalidad y elegancia que demostró por qué fue una figura central en la Viena de su tiempo.

La interpretación de la orquesta subrayó la frescura de una obra que dialogó con naturalidad frente a los gigantes que completarían la noche, devolviendo a Martinez el lugar que merece en el repertorio sinfónico actual.

La melancolía de Aranjuez

El momento más esperado llegó con el icónico Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo. Para esta pieza fundamental, la orquesta contó con el solista Javier García Verdugo. El guitarrista de Velilla de San Antonio, ganador del XV Concurso Internacional de Guitarra de La Habana, demostró una técnica prodigiosa y una sensibilidad profunda.

Verdugo, tocando una pieza de luthier cedida por la Spanish Guitar Foundation, guió a los asistentes por los jardines palaciegos de Rodrigo. Especialmente conmovedor resultó el segundo movimiento, donde la guitarra y la sección de viento madera se fundieron en un diálogo melancólico que mantuvo al auditorio en un silencio sepulcral.

Tras recibir una cerrada y prolongada ovación, García Verdugo ofreció una pieza de Francisco Tárrega fuera de programa.

El broche de oro de Mozart

Para cerrar la jornada, la formación abordó la Sinfonía nº 40 en sol menor de Wolfgang Amadeus Mozart. La interpretación de Cuenllas destacó el carácter dramático y personal de esta partitura, una de las más intensas del genio de Salzburgo. La estructura impecable de la obra y la energía transmitida por los músicos pusieron el punto final a una noche donde la técnica y la emoción se dieron la mano.

Con este éxito, la Orquesta Sinfónica de Rivas consolida su temporada 2026, dejando en el público el recuerdo de un programa diseñado no solo para entretener, sino para conmover profundamente.