Supongo que a muchos de los lectores, al leer el título, les habrá venido a la cabeza la imagen del cantante británico, conocido también por el apodo de el Tigre de Gales. Y más de uno se habrá acordado de alguna de sus canciones más famosas, como «Delilah» (1968) o «Sex bomb» (1999), pues el intérprete pertenece al acervo cultural popular desde los años setenta, cuando se hizo popular con un estilo sensual y desacomplejado.
Siento decepcionar a los incondicionales del vocalista galés, que a buen seguro son muchos y algunos ya pintan canas, porque esto no va de cantantes, ni de música pop. Son muchas las personas que tienen el mismo nombre y los mismos apellidos en la historia de la
humanidad; y en este caso les voy a hablar de un Tom Jones muy anterior, que pasa por ser uno de los más importantes en los orígenes de la novela moderna.

Henry Fielding, su autor, publicó en 1749 La historia de Tom Jones, el expósito, en Londres, y fue un éxito inmediato, tanto que, en vida del autor, que falleció en 1755, se publicaron hasta tres ediciones más. Junto con Robinson Crusoe (1719), de Daniel Defoe, y Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726), es una de las obras en prosa más importantes de la literatura inglesa del siglo XVIII y se enmarca en una época conocida como «Augustana».
Tom Jones le debe mucho a Cervantes (en especial a El Quijote) y a la novela picaresca española de los siglos XVI y XVII: del alcalaíno toma la verosimilitud de la historia, la técnica del camino como recurso narrativo, el humor y la inspiración para el personaje de
Partridge, una especie de Sancho Panza que, en vez de ensartar refranes, profiere latinismos sin sentido; por influjo de la picaresca, Fielding se atreve a mostrar tanto las conductas reprobables de las clases bajas (mesoneros, criados, prostitutas…) como las de las clases altas (terratenientes, clérigos, filósofos, cortesanos…), lo que le supuso que algunos de sus contemporáneos, como el novelista Samuel Richardson, lo denostaran por inmoral.
La novela de Fielding es una obra magna, de unas mil cien páginas, casi la misma extensión que las dos partes de El Quijote. Está dividida en dieciocho libros, que se pueden agrupar de seis en seis por su contenido: en los primeros la acción sucede en la Inglaterra
rural del suroeste del país; los seis siguientes acontecen en los caminos que parten del condado de Somerset y en los mesones y albergues que salen al paso; y los últimos se desarrollan en la ciudad de Londres, que en esa época era una de las más populosas de
Europa. Es, en ese sentido, una obra arquitectónica, en la que la complejidad de la narración (historias dentro de la historia, multiplicidad de personajes, tono épico-humorístico, infinitud de detalles que siempre tienen valor argumental) se pone finalmente al servicio de una historia de amor, la de Tom Jones con su adorada Sofía, hasta alcanzar un final feliz tras una gran variedad de peripecias en una trama embrollada que el narrador, omnisciente y omnipresente, concluye atando hasta el último cabo con labor de orfebre.

























